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El ministerio mismo, despues de haber intentado por varios medios templar el imprudente ardor de la sociedad Landaburiana, tuvo que cerrarla, so pretesto de amenazar ruina el edificio en que se reunia; mas, como dice otro historiador de aquellos sucesos, «el edificio qu,e venia abajo era el de la patria.»

descomposicion de partidos, leota, pero segura, no produjo amalgamas perfectas; por donde vinieron a quedar rotos en fragmentos los antiguos bandos, y la sociedad politica á cada hora mas confusa y disuelta.»

Y hablando de la sociedad Landaburiana dice el mismo escritor: «Eo Madrid, en vez de la sociedad de la Fontana, con su impropio titulo de Amigos del órden, sa estableció tina en el convento de Santo Tomás, llamándose Landaburiana, en honra i la memoria del sacrificado oficial de guardias Landaburu. Abierta, se precipitaron hombres de los varios bandos en que estaba subdividido el exaltado, á contender por los aplausos, y aun por algo mas sólido, que podian conseguir haciéndose gratos en en aquel lugar á la muchedum

bre. Desde luego los anti-ministeriales llevaron la ventaja, no siendo auditorio semejante propenso á aplaudir mas que las censuras amargas y apasionadas hechas de los que gobiernan. No dejó de presentarse Galiana, engreido con su concepto do orador; poro si bien fué aplaudido en alguna declamacion pomposa y florida contra los estranjeros, próximos ya á hacer guerra á España, cuando quiso oponerse á doctrinas de persecucion y desorden, alli mismo por otros proclamadas, fué silbado, ó poco menos, y hasta vino á hacerse blanco de ódio, siendo comun vituperar con acrimonia su con» ducta.»

El que asi habla de Galiano es el mismo don Antonio Alcalá Galiano, en su Compendio de la Historia do Fernando VII.

CAPITULO XIV.

EL CONGRESO DE VERONA.

LAS NOTAS DIPLOMATICAS.

1822.—1823.

Espíritu de la Santa Alianza.—Conferencias en Vorona.—Representacion de la Regencia de Urgél A los plenipotenciarios.—No envía España representantes á Verona.—Preguntas formuladas por el plenipotenciario francés.—Contestaciones de las potencias.—La de la Gran Bretaña.—Tratado secreto de las cuatro grandes potencias en Verona.—Desaprobacion d i ministro inglés.—Conferencia de Wellington con Mr. de Villóle.—Notas de las potencias al gabinete español.—La de Francia.—La de Austria.—Las de Prusia y Rusia.—Respuestas del gobierno español.—Da conocimiento de ellas á las Cdrtes.—Impresion que cansan en la Asamblea.—Proposicion de Galiano, aprobada por unanimidad.—Idem de Arguelles.—Aplausos á uno y á otro.—Tierna escena de conciliacion—Célebre y patriótica sesion del 44 de enero.—Comision de mensaje al rey.—Discursos notables.—Pasaportes á los plenipotenciarios de las cuatro potencias.—Idem al Nuncio de Su Santidad.—Comunicacion del ministro británico sobre la actitud del gobierno francés.—Discurso de Luis XVIII. en la apertura de las cámaras francesas.—Amenaza que envuelve.—Intentos y gestiones de la Gran Bretaña para impedir la guerra.—Consejos á España.—Firmeza del gobierno español.—Prepárase a la guerra.— Distribucion de los mandos del ejército.«—Proyecto de traslacion de las Cortes y del gobierno de Madrid á punto mas seguro.—Proposicion y discusion en las Córtes sobre este proyecto.—Se aprueba.—Censuras que se levantan contra esta resolucion.—repugnancia y resistencia dei rey.—Exoneracion de los ministros.— Alboroto en Madrid.—Vuelven i ser llamados.—Terminan las Cdrtes extraordinarias sus sesiones.

Las potencias de la Santa Alianza, que habian destruido el sistema constitucional proclamado en Nápoles y en el Piamonte, y restablecido el antiguo despotismo en aquellos reinos, no habian olvidado ni perdido de vista un momento la situacion del pueblo y del monarca español desde la revolucion de 1820, no habiendo tomado respecto á España una resolucion definitiva, semejante á la que tomaron con las naciones italianas, por las causas y consideraciones que ántes hemos indicado. Pero era de esperar y temer que la tomasen, siendo para ellas objeto de ódio y de recelo las libertades españolas, y ofreciéndoles sus escesos motivo ó pretesto doble para mirarlas como peligrosas para el sosiego de Europa, y funesto su contagio principalmente para la vecina Francia.

De aquí la guerra, poco disimulada, aunque indirecta, que el gobierno francés habia estado haciendo casi desde el principio á la Constitucion española y al partido liberal: el ejército que puso al otro lado de la frontera de España, primero con el título de cordon sanitario, so pretesto ó con el fin ostensible de preservar su país de la peste que afligia nuestras provincias limítrofes; después, y habiendo cesado aquel motivo, con el nombre de ejército de observacion; y por último, la proteccion y auxilios desembozadamente dados á las facciones absolutistas, ya pasasen volun- , tariamente á su suelo, ya fuesen arrojadas á él por las tropas del ejército nacional.

Así, desde que se reunieron en Verona los plenipotenciarios de Francia, Austria, Rusia y Prusia, entre los asuntos que señalaron como materia de sus deliberaciones fué ya uno de ellos el peligro que veian en la revolucion de España para las potencias de Europa, y para la Francia en particular (,). Y en el Congreso de soberanos que se habia acordado y se celebró después con toda solemnidad en la misma ciudad de Verona, cuyas conferencias comenzaron con formalidad en octubre de 1822, no era un misterio para nadie que habia de decidirse.bajo aquel punto de vista la suerte de España. Asistieron á este Congreso, además delos soberanos de Austria y Prusia, Nápoles, Toscana y otros príncipes, los plenipotenciarios y hombres de Estado de mas cuenta de las principales potencias de Europa, como el príncipe de Metternich, baron de Lebreltern, conde de Nesselrode, de Lieven, Pozzo di Borgo, duque de Wellington, marqués de Londonderry, vizconde Strangford, de Montmorency, de Cha

, (1) Los demas asuntos eran: 3.° Los altercados de Oriente 1.° El tráfico de negros: 2.» Las entre la Rusia y la Puerta Otopiraterías de los mares de Amé- mana: 4.° La situacion de la rica ó las Colonias españolas: Italia.

teaubriand, de Ferronays, de Rayneval, y otros muchos personajes notables y de primer órden

El gobierno español no envió ni representante, ni agente, ni negociador alguno, lo mismo que habia sucedido ántes en los congresos.de Troppau y de Laybach. Esplican los ministros de aquella época esta falta de representacion que algunos le han censurado, lo primero, por no haber sido llamada la España, ni dádole siquiera conocimiento de la existencia del Congreso; y lo segundo, porque consideraban humillante para el gobierno español presentarse á pleitear con la Regencia de Urgél ante aquel tribunal de soberanos. Ni siquiera quiso pedir la mediacion de la Gran Bretaña, teniéndolo por un paso inútil: y lo más que hizo el ministro de Estado San Miguel fué indicar que agradecería sus buenos oficios, persuadido de que la Inglaterra, no pudiendo mediar, no habia de poner tampoco resistencia, reservándose, segun se espresaba, obrar en adelante como más le conveniese w.

Por el contrario, activa y diligente la Regencia realista de Urgél, aquella Regencia instalada en agosto con autorizacion de Fernando, rey constitucional, para gobernar en nombre de Fernando, rey absoluto (3), habiase adelantado á dirigir una representacion

(1) La relacion nominal de to- cbo del ministro San Miguel al dos los que asistieron puede verse representante de España en Ldnen la obrita titulada: Congreso de dres.—Papeles bailados en el arVerona, tom. I., núm. XII. cbivo de la Regencia de Urgél,

(2) Correspondencia entre Legajo 54.

Welüngton y Canning.—Despa- (3) La primera autorización

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