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Tomóse como síntoma y esperanza de darse á la marcfta de los negocios nuevo y más acertado rumbo la creacion de una Junta auxiliar del Consejo de ministros con el nombre de Real Junta consultiva de Gobierno (13 de setiembre, 1825), en razon á entrar en ella, entre hombres de exaltadas ideas realistas, otros conocidos por su templanza, y reputados por su conciencia y su saber (,). Eran los principales fines y cargos de esta Junta examinar el estado de todos los ramos de la administracion, y los recursos que ofrecieran, comparados con los que existian ánles; calcular y graduar la suma anual que se necesitaria para sostener las obligaciones y cargas del Estado; formar un balance aproximado entre los gastos y los ingresos; dar dictámen sobre el aumento, diminucion, reforma ó subrogacion de los tributos, sin acrecentar la indigencia individual, sobre negociaciones de empréstitos, contratas ó empresas generales, supresion ó aumento de empleos, y sobre todo lo demás que el rey ó el consejo de ministros le consultáre. La Junta se mostró desde luego animada de los mejores deseos, y protestó que procuraria hacer cuantas mejoras pudiese, obrando con imparcialidad y sin espíritu de partido.

»do Valladolid.—Sin embargo de «que por el excelentísimo Receptor de la Comision se remite á »V. S. el testimonio correspon>diente de haberse ejecutado en «este dia y hora de la una menos »cuarto de su tarde la real sen«tencia de muerte de horca impuesta al Empecinado, con todo ihe creído de mi deber el hacerlo »; o tambien como lo hago por «éste, manifestando á V. s. al i mismo tiempo que hallándose uva el reo al pié de la misma »horca, y habiendo dado al parencor muestras de arrepentimien»to, hizo un esfuerzo prodigioso >y rompió las esposas de hierro »que tenia en las manos, y trató »de salir por entre las nías de «los valientes voluntarios de esta »villa y sus inmediaciones que «tenían hecho el cerco.

»El objeto, señor gobernador, »que sin duda ofuscó á este per« verso, fué el de acogerse al sangrado de la Colegial, ó lograren »otro caso el que los mismos voluntanos le diesen la muerte, y uno sufrir la afrentosa de la boruca; pero le salieron vanos sus ^intentes, pues solo trataron de »asegurarle, y viendo yo que no «quería subir por las escaleras y «que se tiró en el suelo, mandé

ique lo subieran con una soga, «como se verificó, y sufrió la tan «merecida muerte.

»Dios guarde á V. S. muchos «años.—Roa, y agosto 19 á lasdos »de su tarde, de 1823.—Vicente «García Alvarez —señor gobermador de las Salas del Crimen «de la Real Chancillería de Valla»dolid.»

Las cenizas del Empecinado fueron después trasladadas á Burgos, donde descansan no lejos de las del Cid, y en Alcalá se empezó á levantas un monumento en su memoria.

El señor don Salustiano Olózaga, que escribid en la Crónica Hispano-Americana un sentido articulo sobre l¿ muerte del Empecinado, en que hace merecidos elogios de muchos de los hecbos herdicos do su vida, refiere varias circunstancias de su prision, de su proceso y de su muerte, pero omite otras de que nosotros hemos hecho mérito, sacadas de escritores contemporáneos, y oidas á testigos oculares dignos de respeto y de fé.

(1) Los de pronto nombrados fueron: el general Castaño;, consejero de Estado y capitan general de ejército, presidente; don Anselmo de Rivas, consejero de

Pero esta esperanza fué de duracion muy corta. Los trabajos de mina de los apostólicos eran asiduos y constantes, y como el resorte que les imprimia mo

Estado; don Diego de la Cuadra, no Vallarino, del Consejo de Inhonorario del mismo Consejo; el dias; don Jacobo Mario Parga, arzobispo de Méjico; el de Zara- del de Hacienda; don Antonio de goza; el obispo de Palencia; fray Elola, intendente de ejército; don Cirilo Alameda, vicario general José Juana Pinilla, contador gedo la orden de San Francisco; neral da Valores; don Luis Gardon Ramon Montero, secretario gollo, del comercio de Cádiz; don de la Jimia reservada de Estado; Andrés Caballero, del comercio los tenientes generales marqués de Madrid; don Agustín Perales, de la Reunion y conde de Guaqui; intendente de Marina, secretario don Antonio Pilon, mayor general sin vote.

de la real armada; don Francisco Reservábase además el rey el

Mario, del Consejo y Cámara de nombramiento de otros vocales,

Castilla; dua José Hevia y Norie- hasta veinte y cinco, ga, del mismo Consejo; don Bro

vimiento é impulso era la persona que el rey tenia mas íntima y allegada, siempre contaban con un gran elemento para recuperar su influjo. Debida fué á esto la caida del ministro Zea Bermudez (24 de octubre, 1825), el representante del realismo tolerante é ilustrado, y su reemplazo por el duque del Infantado, agente ó instrumento siempre de la política y de la parcialidad más reaccionaria. Consecuencia fué tambien de este cambio perder en importancia la Junta consultiva de Gobierno, que tan provechosa habria podido ser, si se hubieran encomendado á su exámen y juicio los vitales negocios para que habia sido instituida y formada.

En medio de estas variaciones y de estas alternativas de influencias, descollaba en el cuadro del gobierno, manteniéndose al parecer estraño á todas las rivalidades políticas, atento esclusivamente al mejoramiento del importante ramo de la administracion que á su cargo corria, el ministro de Hacienda don Luis Lopez Ballesteros, de cuya concentrada laboriosidad é incansable celo daban testimonio las muchas medidas, más ó ménos parciales ó generales, que aparecian frecuentemente en las columnas de la Gaceta. Siendo su empeño principal acomodar los gastos á la riqueza de los pueblos, cubrir con la posible exactitud y proporcion todas las obligaciones del Estado, conocer y calcular con la debida anticipacion el producto de las rentas y su relacion con las necesidades más precisas del servicio público, dictó una disposicion (14 de noviembre, 1825), si en todos tiempos útil, en aquellos indispensable y salvadora, á saber: que cada ministerio formara anualmente el presupuesto de sus gastos y atenciones especiales, el cual habia de pasarse el 1.° de noviembre á lo más tarde al de Hacienda , que oyendo al director general del Tesoro y demás que pudiera convenir, y con los datos que le suministraria la Contaduría general de Valores, vistos los gastos y sueldos, los productos de las contribuciones y rentas, y el líquido disponible que resultára, los pasaria á su vez para el 15 del misino noviembre al Consejo de ministros, con sus observaciones. Examinados por el Consejo, se presentarian al rey para su soberana aprobacion, obtenida la cuál, se comunicarian á los respectivos ministerios y direcciones para su cumplimiento. No se abonaria cantidad alguna á título de imprevistos, sino la que cada año estuviera presupuesta, y eso con espresa real aprobacion y á propuesta del Consejo, ni se admitiria en cuenta pago alguno que no estuviera comprendido en los presupuestos aprobados: juntamente con otras medidas y esquisitas prevenciones para la exactitud de las cuentas.

Con esta y otras providencias administrativas, que seria largo enumerar, y que constituian un sistema económico admirable para aquellos tiempos, y con una constancia no menos maravillosa, logró el ministro Ballesteros, en una época de atraso y de penuria,

de desconcierto y de perturbacion, de arbitrariedad y de pasiones políticas, regularizar la hacienda en términos de poder ocurrir á las necesidades públicas más imperiosas dentro y fuera del reino, y de atender y pagar á todas las clases que vivian del tesoro. Era su administracion el consuelo que los hombres sensatos esperimentaban en aquel período, por otra parte y por tantos motivos tan aciago.

Bien merece tambien los honores de ser citada la disposicion de 4 de diciembre (1825) sobre montes y plantíos, imponiendo penas á las justicias y ayuntamientos que no cumpliesen lo mandado, estableciendo reglas sobre su cuidado, cultivo y mejoramiento, y dando preceptos á los subdelegados, visitadores y otros encargados de la vigilancia de aquel importante ramo de la riqueza pública: así como la regularidad establecida en los pagos de haberes á todas las clases dependientes de los diversos ministerios, para lo cual ordenó el ministro de Hacienda á los intendentes de provincia que lodos los meses remitiesen una nómina exacta del haber devengado por los empleados en ejercicio, otra del devengado por los jubilados, otra del de los cesantes, otra de los cesantes pendientes de purificacion que cobraban sueldo, otra de los cesantes impurificados que cobraban asignacion, otra de los pensionados y pensionadas, y otra de las viudas de los empleados. Hecho todo esto con arreglo á mo

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