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minios españoles sino con la precisa condicion de someterse al juicio y á las resultas de éste, en la forma que queda prevenida para todos los que pertenezcan á las referidas clases esceptuadas.

Art. 40. «Las autoridades civiles y militares encargadas de la ejecucion del presente decreto serán responsables de todo lo que por esceso ó por defecto se oponga á su puntual observancia.

Art. 44. »Los M. RR. arzobispos y los RR. obispos en sus respectivas diócesis, despues de publicado el presente indulto, emplearán toda la influencia de su ministerio para restablecer la union y buena armonía entre los españoles, exhortándolos á sacrificar en los altares de la religion y en obsequio del soberano y de la patria los resentimientos y agravios personales. Inspeccionarán igualmente la conducta de los párrocos y demas eclesiásticos existentes en sus territorios, para tomar las providencias que les dicte su celo pastoral por el bien de la Iglesia y del Estado.

»Tendráse entendido en el Consejo para su puntual cumplimiento, y para que se publique y circule á quien corresponda.—Está señalado de la real mano.—En Aranjuez 4.°de mayo de 4824.—El gobernador del Consejo.»

Seguia una alocucion del rey á los españoles, que comenzaba con estas palabras: «espasoles: Imitad el ejemplo de vuestro rey, que perdona los estravíos, las ingratitudes y los agravios, sin más escepciones que las que imperiosamente exijen el bien público y la seguridad del Estado. Habeis vencido la revolucion y la anarquía revolucionaria; pero aun nos queda que acabar de vencer la discordia no menos temible, etc.»

No obstante lo diminuto de la amnistía, al dia siguiente felicitó por ella al rey el nuncio de Su Santidad en nombre del cuerpo diplomático; y en varios puntos de España, como en Cartagena, se recibió con júbilo, iluminándose espontáneamente la ciudad. Tál era el ansia y sed que fuera y dentro de la Península habia de algún acto público de olvido, de algun rasgo de clemencia, que indiclra haberse templado algun tanto la crueldad de la reaccion, y que sirviera de bálsamo, siquiera á algunos de los desgraciados. Pero la dilacion desde la firma del decreto hasta su publicacion no pareció haber carecido de propósito, puesto que el ministro Calomarde supo aprovechar aquel intervalo para prevenir á la policía que formase listas de los que él sabia quedar esceptuados, y que procediese á su arresto; con lo cual volvieron á llenarse las cárceles de infelices que vivian ya un tanto confiados, y si algunos lograron romper los cerrojos, fué á costa de sacrificar su escasa fortuna, esplotando la codicia de los agentes de vigilancia y de los carceleros.

La amnistía, por sus infinitas escepciones, no podia satisfacer á los liberales en cuyo favor aparecia dada; por su significacion y tendencia á moderar la rigidez contra los vencidos que habia prevalecido hasta entonces, no contentó á los realistas exaltados: al contrario, maldecian el decreto, y calificaban públicamente de masones á los ministros que suponian sus autores, mientras que ensalzaban hasta las nubes á Calomarde. Este ministro, aparentando gran celo por el cumplimiento del encargo qne en el último artículo del decreto se hacia á los arzobispos y obispos de emplear toda la influencia de su ministerio para restablecer la union y buena armonía entre los españoles, mandó á todos los prelados que dispusieran misiones en las iglesias de su respectiva jurisdiccion, á fin de excitar á los extraviados al arrepentimiento de sus pasadas faltas, y al perdon de las ofensas en los agraviados El objeto de las misiones parecia excelente y muy laudable; exhortar al perdon de las ofensas, hacer de todos los españoles una sola familia fraternalmente unida, emplearse en esta buena obra los ministros de una religion de mansedumbre y de paz, ¿quién podria dejar de aplaudir tan santos fines?

(1) La real orden,comunicada el 23 de mayo al Consejo, decía así:

»Excmo señor: — Aunque el rey nuestro señor está persuadido de que producirán un efecto saludable las palub-as de reconciliacion y de paz que ha dirigido á sus fieles y amados vasallos en la alocucion de t."del corriente, quiere emplear al mismo tiempo en una empresa tan digna de su católico celo los esfuerzos de los ministros del altar, qui en la purificacion de los ánimos irritados y divididos por los agravios, en que fueron fecundos Tos tres últimos años de la discordia civil, hallarán la ocasion mas oportuna de emplear útilmente las máximas puras de la moral cristiana. Con este grande y santo fin se ha dignado S. M. resolver que

los M. RR. Arzobispos, RR. Obispos, Vicarios capitulares sede vacante, Priores de las órdenes militares, y demás que ejerzan jurisdiccion eclesiástica, dispongan misiones, que excitando en los extiaviados el arrepentimiento de sus pasadas faltas, y el perdon de las ofensas en los agraviados, bagan de esta grande nacion una sola familia unida fraternalmente en derredor del trono augusto de S. M., padre comun de todos: y asimismo es su soberana voluntad que en esta obra evangélica se empleen operarios celosos, que á su virlud y ciencia probadds reunan la circunstancia de amar su real persona, y ser adictos á las instituciones monárquicas. Deóiden del rey nuestro señor, etc.»

Pero las misiones surtieron un efecto enteramente contrario al que ostensiblemente aparecia haberse propuesto el ministro que las ordenó; y esto, sobre no ocultársele al autor de ellas, que acaso con esa prevision las dispuso, tambien lo pronosticaron los mismos en cuyo favor se decia que iban á hacerse. En lugar de operarios celosos, de virtud y ciencia, se encomendaron á clérigos ó fanáticos ó ignorantes, escogidos entre los que descollaban más por su aborrecimiento á los que gozaban concepto de liberales. La circunstancia de espresarse en el decreto que los agravios de que se trataba eran los cometidos en los últimos tres años, daba ocasion á los misioneros á exagerar aquellos agravios, y á calificarlos de ateismo, de irreligion y de impiedad. Este era el tema y el sentido y espíritu de sus sermones; los adictos á la libertad eran para ellos sinónimo de impíos ó herejes. El vulgo que lo oia, salia del templo, no con el ánimo predipuesto al perdon, sino con el corazon preparado á la venganza, creyendo hacer con ella un desagravio á la moral, á la religion y á la fé. Y en lugar de aquella fraternidad de todos los españoles, las ciegas pasiones de la plebe se recrudecieron, y los perseguidos liberales debieron á la amnistía y á las misiones una nueva causa de padecimientos é infortunios.

Tál habia sido la índole y la marcha de la política de Fernando VIII. y de su gobierno desde el famoso decreto de 1.° de octubre de 1823, hasta el tambien famoso decreto de amnistía de mayo de 1824.

CAPITULO XIX.

TRATADOS CON EL GOBIERNO FRANCES. PURIFICACIONES.—ÁM1ÍISTIA.—CONSPIRACIONES. 1824.

(De mayo á fin de diciembre.)

Conducta del gobierno francés —Consejos de templanza.—Rehusa obligar á Fernando á establecer un régimen constitucional.—Pretende dominar al rey y al gobierno español.—Compensaciones á que aspira en premio de la invasion y de la guerra.—Despachos del vizconde de Chateaubriand sobre estos asuntos.—Rivalidad de Francia é Inglaterra.—Lo -que consiguió el gabinete de las Tullerías.—Sucesos de Portugal.—Conspiracion del infante don Miguel. —Su destierro.—Conspiracion realista en España.—Capapé.— Suplicios por crímenes cometidos en la época constitucional.— Caida del conde de Ofalia.—Ministerio de Zea Bermudez.—Reales cédulas.—Sujetando á purificacion á todos los catedráticos y estudiantes del reino.—Sobre espontaneamiento de los que hubieran pertenecido á sociedades secretas.—Los masones y comuneros son tratados como sospechosos de herejia.—Los que no se espontaneáran eran considerados reos de lesa majestad.—Premios por servicios hechos al absolutismo.—Alzamiento de partidas liberales. —Apodéranse ¿e Tarifa.—Tropas francesas y realistas sitian la plaza.—Fuga de los rebeldes.—Algunos son cogidos y fusilados.— Exoneracion del ministro dela Guerra, Cruz.—Nombramiento de Aymerich.—Entusiasmo del nuevo ministro por los voluntarios

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