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tana, y no teniendo ya por necesaria su presencia en Madrid, atendido el estado general de la península, determinó dejar la capital para ponerse al frente de su ejército de Andalucía, no sin designar ántes los jefes y distribuir las fuerzas que cada uno habia de mandar en las diferentes provincias de España (,). Con esto, y con haber encomendado al mariscal Oudinot el cuidado de la capital, debiendo reunírsele la division Bourcke despues de la pacificacion de Galicia, salió el de Angulema de Madrid (28 de julio), llevando consigo tres mil hombres. En la Carolina supo la capitulacion de Ballesteros de resultas del combate de Campillo do Arenas, lo que no pudo menos de causarle viva satisfaccion. Llegado que hubo á Andújar, dió allí el célebre decreto conocido con el nombre de Ordenanza de Andújar (8 de agosto), que merece ser copiada íntegra.

(1) lié aqui la distribucion Aragon y el Ebro superior: su

que hizo: cuartel general Tolosa.

El mariscal duque de Reg- Kl teniente general conde

gio, jefe del primer cuerpo, ten- Moütor, jefe del segundo cuerpo

dría el mando superior de las del ejército, tendría el mando

provincias de Castilla la Nueva, superior de las provincias de

Extremadura, Salamanca, Leon, Valencia, Murcia y Granada.

Segovia, Valladulid, Asturias y El general vizconde de Fois

GaTicia: su cuartel general en sac-Latour, comandante de una

Madrid, columua de operaciones, el de

El principe de Hohenlobe, los reinos de Córdoba y Jaen,

jefe del tercer cuerpo, tendria a Y finalmente, el teniente ge

su cargo las provincias de San- neral conde de Bordesoulle, jefe

tauder, Vizcaya, Alava, Burgos y del primer cuerpo da reserva,

Soria: cuartel general Vitoria. continuaria con el mando supe

El mariscal marqués de Lau- rior del reino de Sevilla y de las

riston, jefe del segundo cuerpo operaciones contra Cádiz: su cuar

de reserva, mandaria en las pro- tel general el Puerto de Santa

vincias de Guipúzcoa, Navarra, Mana.

«Nos Luis Antonio De Artois, hijo de Francia, du»que de Angulema, comandante en jefe del ejército »de los Pirineos:

• Conociendo que la ocupacion de España por el •ejército francés de nuestro mando nos pone en la in

• dispensable obligacion de atender á la tranquilidad

• de este reino y á la seguridad de nuestras tropas: »Hemos ordenado y ordenamos lo que sigue:

•Artículo 1.°—Las autoridades españolas no po»drán hacer ningun arresto sin la autorizacion del co»mandante de nuestras tropas en el distrito en que •ellas se encuentren.

•Art. 2.°—Los comandantes en jefe de nuestro

• ejército pondrán en libertad á todos los que hayan

• sido presos arbitrariamente y por ideas políticas, y «particularmente á los milicianos que se restituyan á »sus hogares. Quedan esceptuados aquellos que des«pues de haber vuelto á sus casas hayan dado justos

• motivos de queja.

• Art. 3.°—Quedan autorizados los comandantes •en jefe de nuestro ejército para arrestar á cualquiera que contravenga á lo mandado en el presente de•creto.

•Art. 4.°—Todos los periódicos y periodistas

• quedan bajo la inspeccion de los comandantes de

• nuestras tropas.

• Art. 5.°—El presente decreto será impreso y «publicado en todas partes.—Dado en nuestro cuartel general de Andújar á 8 de agosto de 1823.— •Luis Antonio.—Por S. A. R. el general en jefe, el »mayor general, conde Guilleminot.»

Este humanitario decreto irritó grandemente á la Regencia realista de Madrid, por el contraste que formaba con su conducta, y porque era como una acusacion ostensible y fuerte de sus crueles medidas y disposiciones. Baste decir, que tomando pretesto la Regencia de los acontecimientos de Sevilla, cuando se suspendió temporalmente al rey, habia espedido un decreto de proscripcion en los términos siguientes: — «Artículo 1.°—Se formará una lista exacta delos »individuos de las Cortes actuales, de los de la pretendida Regencia nombrada en Sevilla, de los ministros y de los oficiales de las milicias volun tarias de »Madrid y Sevilla que han mandado la traslacion del »rey de esta ciudad á la de Cádiz, ó han prestado »auxilio para realizarla:—Art. 2.°—Los bienes perte»necientes á las personas espresadas en dicha lista »serán inmediatamente secuestrados hasta nueva ór»den:—Art. 3.°—Todos los diputados á Córtes que »han tenido parte en la deliberacion en que te ha re»suelto la destitucion del rey nuestro señor, quedan »por este solo hecho declarados reos de lesa majestad; »y los tribunales les aplicarán, sin mas diligencia que »el reconocimiento de la identidad de la persona, la »pena señalada por las leyes á esta clase de crimen: »—Art. 4.° Quedan esceptuados de la disposicion Tomo Xxyui. 16

«anterior, y serán digna y honrosamente recompen»sados, los que contribuyesen eficazmente á la liber»tad del rey nuestro señor y de su real familia:—Artículo 5.°—Los generales y oficiales de tropa de lí«nea y de la milicia que han seguido al rey á Cá»diz quedan personalmente responsables de la vida »de SS. MM. y AA., y podrán ser puestos en consejo »de guerra para ser juzgados como cómplices de las •violencias que se cometan contra S. M. y real fami»lia, siempre que pudiendo evitarlas no lo hayan he»cho....—Art. 8.°—Continuarán por ocho dias más »las rogativas generales para implorar la divina desinencia, cerrándose durante aquellos los teatros, etc. »—Art. 9.°—Se comunicarán por correos extraordi'»narios estas medidas á las principales cortes de • Europa.»

Con esto, y con las juntas de purificacion, y con las prisiones clandestinas y misteriosas á que éstas dieron lugar, y con las persecuciones de toda índole que la Regencia, y á su ejemplo las autoridades desplegaron contra todos los comprometidos por la causa de la libertad, en todas partes el partido reaccionario se habia entregado á la venganza, cometiendo todo género de insultos, de violencias y tropelias, en los campos y las poblaciones, haciéndose prisiones arbitrarias y sumergiéndose en calabozos centenares y millares de desgraciados(4). Esto fué precisamente á

(1) Hé aqui el cuadro de hor- rores que describe un escritor lo que intentó poner coto el duque de Angulema con su Ordenanza de Andújar, y por esta misma razon se sublevó contra ella el partido absolutista, predicando la resistencia al decreto del príncipe francés: protestó contra él la Regencia: las autoridades elevaron multitud de representaciones; el periódico El Restaurador, redactado por dos frailes furibundos, llamó en su apoyo á los caudillos del ejército de la fé, y el Tra

cnntemporáneo, y testigo presencial:—«Prisiones, asesinatos, troipelías inauditas y de todas esipecies, el mas furioso democratismo, desarrollado á la augusta ■sombra de lealtad, de restauracion de las antiguas leyes y de •la religion de un Dios de paz y »de misericordia; este era el aspecto que ofrecia la desventurada España á medida que caia •en ella el régimen constitucional.

«En Zaragoza 1,500 personas •son llevadas á la cárcel pública •per el populacho, conducido por •frailes y curas: en Navarra el •Trapeose comete escándalos de «que se resiente la decencia, y «tropelias quo ultrajan la buma

• nidad y su carácter: eu Castilla

• la cárcel es atropellada en Roa, •y sacrificadas algunas victimas «con horrorosos detalles que estremece describir: en Madrid »centenares de personas son conducidas á las cárceles, por si ¡•tuvieron esta ó la otra opinion: •en la mayor parte de los pueblos •sucedia lo mismo, siendo las •man vece? el mayor delito el atener dinero con que comprar «la libertad.

»eq la Mancha, el Locho y sus •soldados cometian los mayores

«excesos, y asesinar, robar, es•calar casas para robarlas, y vio«lar mujeres, Manzanares, Con•suegra y otros pueblos lo presenciaron. En Córdoba á las

• voces de ¡Viva el rey absoluto!

• sucedia lo mismo: centenares •de personas do carácter fueron

• llevadas á la cárcel pública, y

• dentro de ella arrojadas en un

• pilon lleno de agua, é insultadas

ofria y brutalmente Alguno

•que otro funcionario menos cruel somas ilustrado, pues conocia el

• golpe fatal que recibia el gobierno con tamaños desaciertos, «fué no solo desoido, sino atropellado, y lleno de puñaladas con«dúcido á un calabozo por el

• populacho feroz de Zamora. Los

• ministros de Jesucristo, en fin, iidcsde la cátedra del Espiritu «Sanio atizaban tan funesta discordia, y en vez de predicar la «caridad, recomendada en el «Evangelio, escitaban á la persecucion y al esterminio. ¡Qué

• horror! ¡Pero esta es la verdad!

• Invocamos el testimonio de los «hombres de bien de todos los ■partidos.—El marqués de Mi•raflores.»

Con colores más ó menos vivos todos los escritores de aquel tiempo dibujan el mismo cuadro.

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