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habia tomado en Cataluña, donde contaba por lo menos con un quíntuplo de la fuerza que aquél podia recoger y llevar.

Tomó sin embargo sobre sus hombros la difícil empresa que se le confiaba, y despues de haber conferenciado en Madrid con los ministros; y elegido los jefes que habian de ayudarle, emprendió su marcha, deteniéndose lo puramente necesario para que se le incorporáran algunos regimientos. En Lérida dió una juiciosa y enérgica proclama á todos los habitantes del país (10 de setiembre), formó la primera division, cuyo mando confirió interinamente al brigadier Torrijos, y con noticia de que Cervera se hallaba ocupada por tres mil facciosos al mando del baron de Eroles, Romanillos y Miralles, y que tenian sitiada la guarnicion en el edificio de la Universidad, púsose en movimiento el 13. Al dia siguiente cayó sobre aquella ciudad, que no solamente habia abandonado la faccion, sino todos los habitantes, encontrando en ella solamente dos mujeres, consecuencia del mal trato que aquellos moradores habian esperimentado otras veces de parte de las tropas leales, «y que no era, segun consignó el mismo general en sus Memorias, lo que menos daño hacia á nuestra causa.» Publicó por lo tanto un bando prometiendo á los vecinos seguridad y proteccion en sus personas y propiedades, y castigos rigorosos por toda falta de subordinacion y desórden en la tropa. Con lo cual se dispuso á proseguir la comenzada campaña. Pero dejémosle allí por ahora para dar cuenta de otros sucesos.

El gobierno, vistos los enormes gastos que la situacion del país exigia, atendidos los apuros pecuniarios que se esperimentaban, y teniendo presentes otras muchas consideraciones políticas, propuso al rey que se convocáran Córtes extraordinarias. La medida encontró en Fernando la repugnancia que era de esperar, pero resueltos los ministros á gobernar con arreglo á su sistema ó á dejar sus puestos, fueron venciendo la resistencia del monarca, hasta recabar de él que accediese á convocarlas para los primeros dias de octubre. El decreto de convocatoria se espidió el 15 de setiembre. Y como el gobierno creyese conducente para reanimar el espíritu público que el rey diese uu Manifiesto á la nacion alusivo á la situacion del país, tambien condescendió á ello Fernando, y en su virtud al siguiente dia 16 se publicó el famoso documento, i|ue contenia ideas y frases como las siguientes:

«españoles: Desde e! momento en que, conocidos vuestros deseos, acepté y juré la Constitucion promulgada en «Cádiz el 40 de marzo de 4842, no pudo menos de dilatarle mi espíritu con la grata perspectiva de vuestra ulterior felicidad. Una penosa y recíproca esperiencia del •gobierno absoluto, en que todo suele hacerse en nombre «del monarca menos su voluntad verdadera, nos consdujo á adoptar gustosamente la ley fundamental, que «señalando los derechos y obligaciones de los que man»dan y de los que obedecen, precave el estravío de todos, »y deja espeditas y seguras las riendas del Estado, para «conducirle por el recto y glorioso camino de la justicia y »de la prosperidad. ¿Quién detiene ahora nuestros pasos? «¿Quién intenta precipitarnos en la contraria senda? Yo «debo anunciarlo, españoles: yo, que tantos sinsabores he «sufrido de los que quisieran restituirnos á un régimen

«que jamás volverá Colocado al frente de una nacion

«magnánima y generosa, cuyo bien es el objeto de todos «mis cuidados, contemplo oportuno daros una voz de paz «y de confianza, que sea al mismo tiempo un aviso salu«dable á los maquinadores que la aprovechen para evitar «el rigor de un escarmiento.

«Los errores sobre la forma conveniente de gobierno «estaban ya disipados al pronunciamiento del pueblo es

«pañol en favor de sus actuales instituciones Pero este

«odio contra ellas no llegó á ser estinguido, antes cobran»do vehemencia se convirtió criminalmente en odio y fu«ror contra los restauradores y los amantes del sistema. «Ved aquí, españoles, bien descubierta la causa de las

«agitaciones que os fatigan Las escenas que produce

«esta lucha entre los hijos de la patria y sus criminales «adversarios son demasiado públicas para que no llamen «mi atencion, y demasiado horrorosas para que no las de«nuncie á la cuchilla de la ley, y no conciten la indigna«cion de cuantos se precian del nombre de españoles. Vos«otros sois testigos de los escesos á que se ha entregado «y se entrega esa faccion liberticida. No necesito presentaros el cuadro que ofrecen Navarra, Cataluña, y otras »mas provincias de este hermoso suelo. Los robos, los ase«sinatos, los incendios, todo está á vuestra vista Fi»jadla sobre ese trono de escarnio y de ignominia erigido

»en Urgél por la impostura —La Europa culta mira

«con horror estos escesos y atentados. Clama la humanidad »por sus ofensas, la ley por sus agravios, y la patria por »su paz y su decoro. ¿Y yo callaria por mas tiempo? ¿Ve»ria tranquilo los males de la magnánima nacion de que «soy jefe? ¿Escucharia mi nombre profanado por perjuros • que le toman por escudo de sus crimenes? Nó, españoles; los denuncia mi voz al tribunal severo de la ley; los «entrega á vuestra indignacion y á la del universo. Sea «esta vez el iris de paz, la voz de la confianza, que aplique »un bálsamo á los males de la patria.—Valientes militares, «redoblad vuestros esfuerzos para presentar en todos los

«ángulos de la peninsula sus banderas victoriosas —

«Ministros de la religion, vosotros que anunciais la pala»bra de Dios, y predicais su moral de paz y mansedum»bre, arrancad la máscara con que se cubren los perjuros: «declarad que la pura fé de Jesucristo no se deñende con «delitos, y que no pueden ser ministros suyos los que «empuñan armas fratricidas: fulminad sobre estos hijos «espúreos del altar los terribles anatemas que la Iglesia «pone en vuestras manos, y sereis dignos sacerdotes y «dignos ciudadanos.—Y vosotros, escritores públicos, que «manifestais la opinion, que es la reina de los pueblos; «vosotros, que suplis tantas veces la insuficiencia de la «ley y los errores de los gobernantes, emplead vuestras «armas en obsequio de la causa nacional con mas ardor

«que nunca Curad llagas, no las renoveis; predicad la

«uoion, que es la base de la fuerza

«Las modernas Córtes españolas han reformado nota«bles abusos, aunque queden otros por reparar. La sabi«duria de sus deliberaciones ha acreditado con qué gran«des fundamentos las luces del siglo reclaman el régimen «representativo. Nadie toca mas de cerca las necesidades »de los pueblos, nadie las espone con mas eelo que los disputados por ellos escogidos. Yo me lo prometo todo »del acierto de los vuestros, de vuestra union íntima y «sincera, de la activa cooperacion de la autoridades económicas y populares, de la decision del ejército permanente y milicia nacional, para completar la grande obra »de vuestra regeneracion política, y ascender ai grado de «elevacion á que están destinadas las naciones que esti»man en lo que vale la libertad. Mi poder, mi autoridad y «mis esfuerzos concurrirán siempre á este fin.—Pala»cio, 46 de setiembre de 4822.—Fbbnando.»

Tál fué el documento que los ministros redactaron y el rey suscribió. Ni como produccion literaria, ni como obra política podria resistir bien al escalpelo de una crítica severa. Pero las ideas eran sanas, bueno el propósito, y propio el lenguaje del partido que se hallaba en el poder. El rey se acomodaba bien á pronunciar las palabras que sus ministros, cualesquiera que fuesen, querian poner en sus lábios. Solo una vez habia añadido algo de su cuenta, y habia producido un gran escándalo y una gran perturbacion. Fuera de aquel caso, Fernando se prestaba á todo: con un ministerio liberal exaltado acomodábase á hablar á la nacion el lenguaje del mas puro y avanzado constitucionalismo; si escribia á Luis XVIII. de Francia, pintaba con vivos colores los funestos efectos de las doctrinas y teorías de una libertad exajerada que

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