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suraron á divulgar los empleados y agentes de las embajadas W, llenó de júbilo, como era natural, á los absolutistas españoles, y de indignacion á los liberales. Los ministros estranjeros pedian una respuesta pronta, y en verdad la contestacion ni admitia muchas dilaciones, ni ofreció grandes dudas á los ministros de España, á pesar de los gravísimos compromisos en que las notas los ponian. Así fué que hubo entre ellos poca discusion, y se convino pronto en la respuesta, y se tardó muy poco en redactarla. De forma que en la mañana del 9 de enero se pasó ya á cada uno de los cuatro ministros estranjeros copia de la que el gobierno español dirigia al suyo respectivo en cada una de las córtes, habiendo adoptado el mismo sistema que emplearon para sus comunicaciones los plenipotenciarios de Verona (S).

Y como se hallasen abiertas las Córtes, presentáronse en ellas los ministros en la sesion del mismo dia para darles conocimiento de las comunicaciones y

(4) Además, para que el gobierno español no pudiera ocultar de modo alguno la negociacion pendiente, faltó el francés á la reserva con que estos asuntos se conducen siempre, haciendo insertar testualmente en su periódico oficial el Monitor, las órdenes é instrucciones comunicadas á su representante en Madrid.

(2) Habiendo dicho el marqués de Miraflores en sus Apuntes Histórico-criticos, que San Miguel llevó á la sociedad del Gran

de Oriente las notas en la misma noche que las recibió, y que alli mismo se improvisó la respuesta, S&n Miguel desmintió este aserto (Vida de Arguelles, tom. S.°, página 460), asegurando que fué obra esclusiva del Con.-ejo de ministros, y que solo despues de estendidas las leyó á cinco ami

§os suyos y dei gobierno, todos iputados, en cuyo seno recibieron dos ó tres correcciones puramente de estilo, sin tocar en nada ó la sustancia.

de las respuestas. eAunque el gobierno sabe, dijo el •ministro de Estado, que éste no es de aquellos asuntos que reclaman necesariamente el conocimiento in •mediato de las Córtes, creeria sin embargo faltar á »los sentimientos de buena inteligencia y fraternidad •que le ligan con el Congreso nacional, sr no pusiese •en su conocimiento este negocio. Por lo mismo ha •querido dar cuenta de él en sesion pública, para que

• toda la nacion se entere del contenido de estos documentos, y porque el gobierno francés ha tenido

• cuidado de hacer pública su conmunicacion al conde »de Lagarde. Si las Córtes gustan, daré lectura de es

• tos documentos.» Y ocupando la tribuna, leyó la nota de Francia, que conocen ya nuestros lectores, y en seguida la respuesta, concebida en los términos siguientes:

«Al ministro plenipotenciario de S. M. en París, digo con esla fecha de real órden lo que sigue:

»E1 gobierno de S. M. Católica acaba de recibir comunicacion de una nota pasada por el de S. M. Cristianísima á su ministro plenipotenciario en esta córte, de cuyo documento se dirige á V. E. copia oficial para su debida inteligencia.

»Pocas observaciones tendrá que hacer el gobierno de S. M. Católica á dicha nota; mas para que V. E. no se vea tal vez embarazado acerca de la conducta que debe observar en dichas circunstancias, es de su deber manifestarle francamente sus sentimientos y sus resoluciones.

vNo ignoró el gobierno nunca, que instituciones adoptadas libre y espontáneamente por la España, causarian recelos á muchos de los gabinetes de Europa, y serian objeto de las deliberaciones del Congreso de Verona; mas seguros de sus principios y apoyados en la resolucion de defender á toda costa su sistema politico actual y la independencia nacional, aguardó tranquilo el resultado de aquellas conferencias.

»La España está regida por una Constitucion promulgada, aceptada y jurada en el año de 4842, y reconocida por las potencias que se reunieron en el congreso de Verona. Consejeros pérfidos hicieron que S. M. Católica el rey don Fernando VII. no hubiera jurado á su vuelta á España este código fundamental, que toda la nación quería, y que fué destruido por la fuerza, sin reclamacion alguna de las potencias que le habian reconocido; mas la experiencia de seis años, y la voluntad general de la nacion le movieron á identificarse con los deseos de los españoles.

»No fué, nó, una insurreccion militar la que promovió este nuevo órden de cosas á principios de 48¿0. Los valientes que se pronunciaron en la isla de Leon, y sucesivamente en las demás provincias, no fueron más que el órgano de la opinion y de los votos generales.

«Era natural que este órden de cosas produjese descontentos; es una consecuencia inevitable de toda reforma, que supone correccion de abusos. Hay siempre en toda nacion, en todo estado, individuos que no pueden avenirse nunca al imperio de la razon y de la justicia.

»E1 ejército de observacion que el gobierno francés mantiene en el Pirineo, no puede calmar los desórdenes que aflijen á España. La esperiencia ha demostrado, al contrario, que con la existencia del llamado cordon saniI

tario, que tomó después el nombre de ejército de observacion, se alimentaron las locas esperanzas de los fanáticos ilusos, que levantaron en varias provincias el grito de la rebelion, dando así origen á que se lisonjeasen con la idea de una próxima invasion de nuestro territorio.

»Como los principios, las miras ó los temores que hayan influido en la conducta de los gabinetes que se reunieron en el congreso de Verona, no pueden servir de regla para el español, prescinde éste por ahora de contestar á lo que en las instrucciones del conde de Lagarde dice relacion con aquellas conferencias.

»Los días de calma y tranquilidad que el gobierno de S. H. Cristianísima desea para la nacion, no son menos deseados, apetecidos y suspirados por ella y su gobierno. Penetrados ambos de que el remedio de sus males es obra del tiempo y la constancia, se esfuerzan cuanto deben en hacer sus efectos tan útiles como saludables.

Iei gobierno español aprecia en lo justo las ofertas que el de S. M. Cristianísima le hace de cuanto puede contribuir á su felicidad; mas está persuadido, que los medios y precauciones que pone en ejecucion no pueden producir sino contrarios resultados.

»Los socorros que por ahora debiera dar el gobierno francés, son puramente negativos. Disolucion de su ejército de los Pirineos; refrenamiento de los facciosos enemigos de España y refugiados en Francia; animadversion marcada y decidida contra los que se complacen en denigrar del modo mas atroz al gobierno de S. M. Católica, las instituciones y córtes de España; hé aquí lo que exige e' derecho de gentes, respetado por las naciones cultas.

•Decir la Francia que quiere el bienestar de España, y tener siempre encendidos los tizones de discordia que a 1 imentan los principales males que la afligen, es caer en un abismo de contradicciones.

«Por lo demás, cualesquiera que sean las determinaciones que el gobierno de S. M. Cristianísima crea oportuno tomar en estas circunstancias, el de S. M. Católica continuará tranquilo por la senda que le marcan el deber, la justicia de su causa, el constante carácter y adhesion firme á los principios constitucionales, que caracterizan á la nacion á cuyo frente se halla, y sin entrar por ahora en el análisis de las espresiones hipotéticas y amfibológicas de las instrucciones pasadas al conde de Lagarde, concluye diciendo, que el reposo, la prosperidad, y cuanto aumenta los elementos del bienestar de la nacion, á nadie interesa más que á ella.

«Adhesion constante á la Constitucion de 4842, paz con las naciones, y no reconocer derecho de intervencion por parte de ninguna; hé aqui su divisa, y la regla de su conducta, tanto presente como venidera.

«Está V. E. autorizado para leer esta nota al ministro de Negocios estranjeros, y para dejarle copia si la pide. La prudencia y tino de V. E. le sujerirán la conducta firme y digna de la España, que deba observar en estas circunstancias.» <

*Lo que tengo la honra de comunicar á V. E. de órden de 6. M., y con este motive le renuevo las seguridades de mi distinguida consideracion, rogando á Dios guarde su vida muchos años.

»B. L. M. de V. E. su atento y seguro servidor

«evaristo San Miguil.

«Señor ministro plenipotenciario de S. M. Cristianísima en esta córte.

«Palacio, 9 de enero de 4823.»

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