Tesoro del Parnaso español, ó Poesías selectas, desde el tiempo de Juan de Mena, hasta el fin del siglo xviii, recogidas y ordenadas por M.J. Quintana, Volumen 2

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Manuel José Quintana
1817
 

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Página 71 - Iba cogiendo flores Y guardando en la falda Mi ninfa para hacer una guirnalda; Mas primero las toca A los rosados labios de su boca, Y les da de su aliento los olores. Y estaba (por su bien) entre una rosa Una abeja escondida, Su dulce humor hurtando; Y como en la hermosa Flor de los labios se halló, atrevida La picó, sacó miel, fuese volando.
Página 115 - Venus, céfiro blando ; si de mis ansias el amor supiste, tú, que las quejas de mi voz llevaste, oye, no temas, ya mi ninfa dile, dile que muero.
Página 65 - Inés, este toque; pero arrójame la bota: vale un florín cada gota de aqueste vinillo aloque. ¡De qué taberna se trajo ? Mas ya... de la del Castillo; diez y seis vale el cuartillo; no tiene vino más bajo. Por nuestro Señor que es mina la taberna de Alcocer; grande consuelo es tener la taberna por vecina...
Página 69 - Y & quien otros llaman vino Porque nos vino del cielo. Cuando el luminoso vaso Toca en la meridional, Distando por un igual Del Oriente y del Ocaso, Me dan asada y cocida De una gruesa y gentil ave Con tres veces del suave Licor que alegra la vida. Despues que cayendo viene A...
Página 7 - Sufra disfavores Hechos por antojo, Háganse del ojo Sus competidores; Y los miradores Échenlo de ver; Que esta es la justicia Que mandan hacer Al que por amores Se quiso prender. Si acaso algún dia Habla con su dama, Mire ella al que ama, Y con él se ria.
Página 32 - ... ve que rayos de luces inmortales dan, y que están de par en par abiertas, y los quiciales de oro muy rollizo, que muestran el poder de quien los hizo. Colunas más hermosas que valientes...
Página 83 - ¿qué mucho que yo perdido ande por un engaño tal, pues que sabemos que nos engaña así Naturaleza? Porque ese cielo azul que todos vemos ni es cielo, ni es azul. ¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza!
Página 29 - El despreciado dios su dulce amante con las náyades vido estar bordando, y, por enternecer aquel diamante, sobre un pescado azul llegó cantando: de una concha una cítara sonante con destrísimos dedos va tocando; paró el agua a su queja, y por oílla, los sauces se inclinaron a la orilla.
Página 67 - Probemos lo del pichel, alto licor celestial; no es el aloquillo tal, ni tiene que ver con él. ¡Qué suavidad! ¡Qué clareza! ¡Qué rancio gusto y olor! ¡Qué paladar! ¡Qué color! ¡Todo con tanta fineza! Mas el queso sale a plaza, la moradilla va entrando, y ambos vienen preguntando por el pichel y la taza.
Página 233 - El tronco de ovas vestido de un álamo verde y blanco entre espadañas y juncos bañaba el agua del Tajo, y las puntas de su altura del ardiente sol los rayos, y todo el árbol dos vides entre racimos y lazos. Al son del agua y las ramas hería el céfiro manso en las plateadas hojas tronco, punta, vides y árbol.

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