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auzubas, guanabanos, guayabos, yarumas y guazumas. La fruta de cuesco son hobos, hicacos, macaguas, guiabaras y mameis, que es la mejor de todas. No tienen letras, ni peso, ni moneda, aunque había mucho oro y plata y otros metales, ni conocían el hierro, que con pedernal cortaban. Por no ser prolijo, quiero concluir este capítulo de costumbres y decir que todas sus cosas son tan diferentes de las nuestras cuanto la tierra es nueva para nosotros.

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Los de aquesta isla Española son todos bubosos, y como los españoles dormían con las indias, hinchéronse luego de bubas, enfermedad pegajosísima y que atormenta con recios dolores. Sintiéndose atormentar y no mejorando, se volvieron muchos dellos a España por sanar, y otros a negocios, los cuales pegaron su encubierta dolencia a muchas mujeres cortesanas, y ellas a muchos hombres que pasaron a Italia a la guerra de Nápoles en favor del rey don Fernando el Segundo contra franceses, y pegaron allá aquel su mal. En fin, que se les pegó a los franceses; y como fué a un mesmo tiempo, pensaron ellos que se les pegó de italianos, y llamáronle mal napolitano. Los otros llamáronle mal francés, creyendo habérselo pegado franceses. Empero también hubo quien le llamó sarna española. Hacen mención deste mal Joanes de Vigo, médico, y Antonio Sabelico, historiador, y otros, diciendo que se comenzó a sentir y divulgar en Italia el año de 1494 y 95, y Luis Bertomán, que en Calicut por entonces pegaron a los indios este mal de bubas en viruelas, dolencia que no tenían ellos y que mató infinitos. Así como vino el mal de las Indias, vino el remedio, que también es otra razón para creer que trajo de allá origen, el cual es el palo y árbol dicho guayacán (1), de cuyo género hay grandísimos montes.

ambién curan la mesma dolencia con palo de la China, que debe ser el mesmo guayacán o palo santo, que todo es uno. Era este mal a los principios muy recio, hediondo e infame; agora no tiene tanto rigor ni tanta infamia.

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De los cocuyos y niguas, animalejos pequeños, uno bueno
y otro malo.

Cocuyos son a manera de escarabajos con alas, o moscas, y son poco menores que murciélagos. Tienen cada cuatro estrellas, que relucen a maravilla; en los ojos tienen las dos, y las otras dos debajo las alas; alumbran tanto, que a su claridad, si vuelan, hilan, tejen, cosen, pintan, bailan y hacen otras cosas las noches; cazan de noche con ellos hutias, que son conejuelos o ratas, y pescan. Caminan llevándolos atados al dedo pulgar de los pies, y en las manos, como con hachas y teda; españoles leían cartas con ellos, que es más dificultoso. Sirven también estos cocuyos de matar los mosquitos, que son fastidiosísimos y no dejan dormir la gente, y aun pienso que para eso los traen a casa más que para luz. Tómanlos con tizones, y llamándolos por su propio nombre, ca vienen a la lumbre, y no al chillido, como algunos piensan. También los toman con enramadas, que les paran, ca en cayendo no se pueden levantar: tan torpes son. Quien se unta las manos o la cara con aquellas estrellas del

(1) O guayaco. (Nota D.)

cocuyo paresce que arde, y así espantan a muchos. Si las destilasen saldría dellas agua maravillosísima (1). La nigua es como una pequeñita pulga, saltadera y amiga de polvo; no pica sino en los pies; métese entre cuero y carne; pare luego sus liendres en mayor cantidad que cuerpo tiene, las cuales en breve engendran otras, y si las dejan, multiplican tanto, que ni las pueden agotar ni remediar sino con fuego o con hierro; pero si de presto las sacan, como arador, es poco su daño. El remedio para que no piquen es dormir los pies calzados o bien cubiertos. Algunos españoles perdieron desto los dedos de los pies, y otros todo el pie.

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Manatí es un pez (2) que no le hay en las aguas de nuestro hemisperio; críase en mar y en ríos; es de la hechura de odre, con no más de dos pies, con que nada, y aquellos a los hombros; va estrechando de mea dio a la cola; la cabeza como de buey, aunque tiene la cara más sumida y más carnuda la barba; los ojos pequeñitos, el color pardillo, el cuero muy recio y con algunos pelillos; largo veinte pies, gordo los medios, y tan feo es, que más ser no puede; los pies que tiene son redondos y con cada cuatro uñas, como elefante; paren las hembras como vacas, y así tienen dos tetas con que dar de mamar a sus hijos. Comiendo manatí paresce carne más que pescado; fresco sabe a ternera; salado, a atún, pero es mejor y consérvase mucho; la

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manteca que sacan dé es muy buena y no se rancia; adoban con ella su mesmo cuero, y sirve de zapatos y otras cosas; cría ciertas piedras en la cabeza, que aprovechan para la piedra y para la ijada; suélenlos matar pasciendo yerbas orillas de los ríos, y con redes siendo pequeños, que así tomó uno bien chiquito el cacique Caramateji y lo crió veinte y seis años en una laguna que llaman Guainabo, donde moraba; salió tan sentido, aunque grande, y tan manso y amigable, que mal año para los delfines de los antiguos; comía de la mano cuanto le daban; venía llamándole Mato, que suena magnífico; salía fuera del agua a comer en casa; retozaba a la ribera con los muchachos y con los hombres; mostraba deleitarse cuando cantaban; sufría que le subiesen encima, y pasaba los hombres de un cabo a otro de la laguna sin zabullirlos, y llevaba diez de una vez sin pesadumbre ninguna; y así tenían con él grandísimo pasatiempo los indios. Quiso un español saber si tenía tan duro cuero como decían: llamó «Mato, Mato», y en viniendo arrojóle una lanza, que, aunque no lo hirió, lo lastimó; y de allí adelante no salía del agua si había hombres vestidos y barbudos eomo cristianos, por más que lo llamasen. Cresció mucho Hatibonico, entró por Guainabo y llevóse al buen Mato manatí a la mar donde nasciera, y quedaron muy tristes Caramateji y sus vasallos.

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Gobernó la isla ocho años Cristóbal Colón, en los cuales él y su hermano Bartolomé Colón conquistaron parte della, y poblaron mucho. Repartió la tierra y más de un millón de indios que mantenía entre soldados; pobladores y criados de los reyes, que favorecidos eran, y entre sus hermanos y sí, para pecheros y tributarios, para traer en las minas y ríos donde había oro. Señaló también la quinta o cuarta parte dellos para el rey. De manera que todos trabajaban para españoles cuando fué allá Francisco de Bobadilla por gobernador, que envió presos a España al Cristóbal Colón y a sus hermanos, año de mil y quinientos menos uno. Estuvo tres años y más en la gobernación, y gobernó muy bien. Entregóselo Roldán Jiménez con sus compañeros. Sacóse gran suma de oro aquel tiempo. Sucedióle en el gobierno Nicolás de Ovando, que pasó a la isla el año de 502 con treinta navíos y mucha gente. Francisco de Bobadilla metió en aquellas naves más de cien mil pesos de buen oro para el rey y otras personas, que fué la primera gran riqueza que allí se había visto junta. Metió también muchos granos de oro, y uno para la reina, que pesaba tres mil y trecientos castellanos de oro puro, el cual le halló una india de Miguel Díez, aragonés. Embarcóse con ruin tiempo, y ahogóse luego en la mar con más de trecientos hombres, entre los cuales fueron Roldán Jiménez y Antonio de Torres, capitán de la flota. No escaparon seis naos de toda la armada. Perdiéronse los cien mil pesos y el grano de oro, que nunca otro tal se hallará. Nicolás de Ovando gobernó la isla siete años cristianísimamente, y pienso guardó mejor que otro ninguno de cuantos antes y después dél han tenido cargos de justicias y guerra en las Indias los mandamientos del rey; y sobre todos, el que veda la ida y vivienda de aquellas partes a hombres sospechosos en la fe y que sean hijos o nietos de infames por la Inquisición. Conquistó la provincia de Higuei, Zabana y Guacaiarima, que era de gente bestial, ca ni tenían casas ni pan. Pacificó la Xaragua con quemar cuarenta indios principales y ahorcar al cacique Guaorocuya y a su tía Anacaona, mujer que fué de Caonabo, hembra absoluta y disoluta en aquella isla. Hizo muchos pueblos de cris

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