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mar que había en este río amazonas, con quien él y sus compañeros pelearan. Que las mujeres anden allí con armas y peleen, no es mucho, pues en Paria, que no es muy lejos, y en otras muchas partes de Indias lo acostumbraban; ni creo que ninguna mujer se corte o queme la teta derecha para tirar el arco, pues con ella lo tiran muy bien, ni creo que maten o destierren sus proprios hijos, ni que vivan sin maridos, siendo lujuriosísimas. Otros, sin Orellana, han levantado semejante hablilla de amazonas después que se descubrieron las Indias, y nunca tal se ha visto ni se verá tampoco en este río. Con este testimonio, pues, escriben y llaman muchos río de las Amazonas, y se juntaron tantos para ir allá,

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Está Marañón tres grados allende la Equinocial; tiene de boca quince leguas, y muchas islas pobladas. Hay en él mucho incienso y bueno, y más granado y crescido que en Arabia. Amasan el pan, a lo que dicen, con bálsamo o con licor que les paresce. Hanse visto en él algunas piedras finas y una esmeralda como la palma, harto fina. Dicen los indios de aquella ribera que hay peñas dellas el río arriba. También hay muestras de oro y señales de otras riquezas. Hacen vino de muchas cosas, y de unos dátiles tan grandes como membrillos, el cual es bueno y durable. Traen los hombres arracadas y tres o cuatro anillos en los labrios, que también se los agujeran por gentileza. Duermen en camas colgadizas, y no en el suelo, que son una manta medio red colgada de las puntas en dos pilares o árboles, y sin otra ropa ninguna; y esta manera de cama es general en Indias, especial del Nombre de Dios hasta el estrecho de Magallanes. Andan por este río malos mosquitos y niguas, que suelen mancar a los que pican si no las sacan luego, como en otro cabo está dicho. Algunos, según poco antes apunté, dicen que todo es un río el Marañón y el de Orellana, y que nasce allá en el Perú. Muchos españoles han entrado, aunque no poblado, en este río después que lo descubrió Vicente Yáñez Pinzón, año de mil y quinientos menos uno. Y el año de 1531 fué allá por gobernador y adelantado Diego de Ordás, capitán de Fernando Cortés en la conquista de la Nueva España. Mas no llegó a él; ca primero se murió en la mar, y le echaron en ella. Llevó tres naos con seiscientos españoles y treinta y cinco caballos. Por muerte de Ordás fué allá Hierónimo Hortal, de Zaragoza, el año de 34, con ciento y treinta hombres, y tampoco llegó allá, sino que se quedó en Paria, y po¿ a Sant Miguel de Neveri y otros lugares, como se 1jo.

LXXXVIII

El cabo de Sant Augustin.

Cae ocho grados y medio más allá de la Equinocial el cabo de Sant Augustín. Descubriólo Vicente Yáñez Pinzón en enero de 1500 años, con cuatro carabelas que sacó de Palos dos meses antes. Fueron los Pinzones grandísimos descubridores, y fueron muchas veces a descubrir, y ésta navegaron mucho. Américo Vespucio, florentín, que también él se hace descubridor de Indias por Castilla, dice cómo fué al mesmo cabo, y que lo nombró de Sant Augustín, el año de 1, con tres carabelas que dió el rey Manuel de Portogal, para buscar estrecho en aquella costa por do ir a las

Malucas, y que navegó desta hecha hasta se poner en cuarenta grados allende la Equinocial. Muchos tachan las navegaciones de Américo o Albérico Vespucio, como se puede ver en algunos Tolomeos de León de Francia. Yo creo que navegó mucho; pero tambien sé que navegaron más Vicente Yáñez Pinzón y Juan Díez de Solís yendo a descubrir las Indias. De Cristóbal Colón y de Fernando Magallanes no hablo, pues todos saben lo mucho que descubrieron; ni de Sebastián Gaboto ni de Gaspar Cortes Reales, ca eran éste portogués y aquel italiano, y ninguno fué por nuestros reyes. Unos ponen quinientas leguas y otros más desde el río Marañón al cabo de Sant Augustín. Están en este estrecho de costa la tierra o punta de Pumos por do es la raya de la repartición de Indias entre Castilla y Portogal; la cual cae grado y medio tras la Equinocial, y Cabo-Primero cinco, que suele parescer siempre el primero a los que van de acá. No han poblado esta tierra por la poca muestra de oro ni plata que da. Pienso que no es tan pobre ni estéril como la hacen, pues está so buen cielo; y aun también lo dejan por ser del rey de Portogal, ca le cupo a su parte en la partición, según más largo lo cuento en otro lugar.

LXXXIX

El río de la Plata.

Del cabo de Sant Augustín, que cae a ocho grados, ponen setecientas leguas de costa hasta el río de la Plata. Américo dice que las anduvo el año de 1501 yendo a buscar estrecho para las Malucas y Especiería por mandado del rey don Manuel de Portogal. Juan Díez de Solís, natural de Librija, las costeó legua por legua el año de 12, a su propia costa. Era piloto mayor del rey; fué con licencia, siguió la derrota de Pinzón, llegó al cabo de Sant Augustín, y de allí tomó la vía de mediodía; y costeando la tierra, anduvo hasta ponerse casi en cuarenta grados. Puso cruces en árboles, que los hay por allí muy grandes; topó con un grandísimo río que los naturales llaman Paranaguazu, que quiere decir río como mar o agua grande. Vido en él muestra de plata, y nombrólo della. Parecióle bien la tierra y gente, cargó de brasil y volvióse a España. Dió cuenta de su descubrimiento al rey, pidió la conquista y gobernación de aquel río; y como le fué otorgada, armó tres navíos en Lepe, metió en ellos mucho bastimento, armas, hombres para pelear y poblar. Tornó allá por capitán general en setiembre del año de 15, por el camino que primero. Salió a tierra en un batel con cincuenta españoles, pensando que los indios lo rescibirían de paz como la otra vez, y según entonces mostraban; pero en saliendo de la barca, dieron sobre él muchos indios que estaban en celada, y lo mataron y comieron todos los españoles que sacó, y aun quebraron el batel (1). Los otros que de los navíos miraban, alzaron anclas y velas, sin osar tomar venganza de la muerte de su capitán. Cargaron luego de brasil y ánime blanco, y volviéronse a España corridos y gastados. Año de 26 fué Sebastián Gaboto al río de la Plata, yendo a los Malucos con cuatro carabelas y docientos y cincuenta españoles. El emperador le dió los navíos y artillería; mercaderes y hombres que con él fueron le dieron, según dicen, hasta diez mil ducados, con que partiese con ellos la ganancia por rata. De aquellos dineros proveyó la flota de vituallas y rescates. Llegó, en fin, al río de la

(1) , Juan Díaz de Solís llegó al puerto de Candelaria (hoy Maldonado) en 2 de febrero de 1516. Llamó al río de «Santa María» o Mar Dulce. Al desembarcar cerca de Martín Chico lo asaltaron los guaraníes y asesinaron a todos los españoles—salvo Francisco de Puerto—que comieron después. (Nota D.)

GóMARA: HISToRIA DE LAS INDIAs.—T.I. 14

Plata, y en el camino topó una nao francesa que contrataba con los indios del golfo de Todos Santos. Entró por él muchas leguas. En el puerto de San Salvador, que es otro río cuarenta leguas arriba, que entra en el de la Plata, le mataron los indios dos españoles, y no los quisieron comer, diciendo cómo eran soldados, que ya los habían probado en Solís y sus compañeros. Sin hacer cosa buena se tornó Gaboto a España destrozado, y no tanto, a lo que algunos dicen, por su culpa como por la de su gente. Don Pedro de Mendoza, vecino de Guadix, fué también al río de la Plata, el año de 35, con doce naos y dos mil hombres. Este fué el mayor número de gente y mayores naves que nunca pasó capitán a Indias. Iba malo, y volviéndose acá por su dolencia, murió en el camino. Año de 41 fué al mesmo río de la Plata, por adelantado y gobernador, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, natural de Jerez, el cual, como en otra parte tengo dicho, había hecho milagros (1). Llevó cuatrocientos españoles y cuarenta y seis caballos. No se hubo bien con los españoles de don Pedro que allá estaban, ni aun con los indios, y enviáronlo preso a España con información de lo que hiciera. Pidieron gobernador los que le trujeron, y diéronles a Juan de Sanabria, de Medellín, el cual se obligó de llevar trecientos hombres casados, a su costa, porque le diese cada uno dellos por sí, y por sus hijos y mujeres, siete ducados y medio. Murió Juan de Sanabria en Sevilla aderezando su partida, y mandaron en Consejo de Indias que fuese su hijo. Tienen muchos por buena gobernación ésta, porque hay allí muchos españoles hechos a la tierra, los cuales saben la lengua de los naturales y han hecho un lugar de dos mil casas, en que hay muchos indios e indias cris

(1) Léase AlvAR NúÑEz CABEzA DE VAcA, Naufragios y comentarios, vol, núm. 17 de la colección de Viajes clásicos editados por CALPE,

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