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dos en España estaban mal con aquella tierra de Veragua y Urabá, por haber muerto en ella cerca de mil y quinientos españoles que fueron con Diego de Nicuesa, Alonso de Hojeda, Martín Fernández de Enciso, Rodrigo de Colmenares y otros. Mas, empero, con la venida y dicho de Juan de Quicedo y del mesmo Colmenares fué Balboa muy alabado, y la tierra deseada; y hubo muchos principales caballeros que pidieron al rey aquella gobernación y conquista; y si no fuera por Juan Rodríguez de Fonseca, obispo de Burgos, presidente de Indias, la quitaran al Pedrarias y la dieran a otro. Y certísimo la dieran al Vasco Núñez de Balboa si un poco antes llegara a la corte Arbolancha. Dió, pues, el rey a Pedrarias muy cumplidos y lleneros poderes; pagó las naos en que llevase mil hombres que pedía Balboa. Mandóle guardar la instrucción de Hojeda y Nicuesa. Entre muchas cosas otras que le encargó, fué la conversión y buen tratamiento de los indios; que no pasase letrados ni consintiese pleitos; que requiriese mucho y solemnemente a los indios con la paz y amistad antes de hacerles guerra; que siempre diese parte de lo que hubiese de hacer al obispo, clérigos y frailes que llevaba. Iba por obispo de la Antigua del Darién Juan Cabedo, fraile francisco, predicador del rey, que fué el primer perlado de tierra firme de Indias y Mundo Nuevo. Partió Pedrarias de Sanlúcar de Barrameda a 14 de mayo del año de 14, con diez y siete naves y mil y quinientos españoles, los mil y docientos a costa del rey. Si pudieran caber en ellas, se fueran con él otros mil: tanta gente acudió al nombre de Castilla de Oro. Llevó a su mujer doña Isabel de Bobadilla, y por piloto a Juan Vespucio, florentino, y a Juan Serrano, que había estado ya en Cartagena y Urabá. Llegó a salvamento con toda su armada al Darién a 21 de junio. Salió Balboa una legua a rescibirlo con todos los españoles, cantando Te Deum laudamus. Hospedóle, contóle cuanto

había hecho y pasado, de que mucho se maravilló y holgó, por hallar buena parte de tierra pacificada, donde poblar a su placer, y después guerrear con los indios; ca llevaba gana de toparse con ellos, que había estado en Orán y otras tierras de Berbería; pero no lo hizo tan bien como blasonaba. Informóse bien, y comenzó a poblar en Comagre, Tumanamá y Pocorosa. Envió a Juan de Ayora con cuatrocientos españoles a Comagre; el cual, por deseo de oro, aperreó muchos indios de don Carlos Canquiaco, servidor del rey, amigo de españoles, a quien se debían las albricias del sur. Despojóle también a él, y atormentó ciertos caciques, e hizo otras crueldades y demasías, que causaron rebelión de indios y muerte de muchos españoles; de miedo de lo cual huyó con el despojo en una nao, no sin culpa de Pedrarias, que disimuló. Gonzalo de Badajoz fué al Nombre de Dios con ochenta; el cual y Luis de Mercado, que fué allí dende a poco, se fueron a la otra mar, haciendo lo que diremos, cuando lleguemos a Panamá. Francisco Becerra fué con ciento y cincuenta compañeros al río de Dabaiba, y volvió las manos en la cabeza. El capitán Vallejo fué a Caribana con setenta españoles; mas presto se tornó, porque le mataron cuarenta y ocho dellos los caribes flecheros. Bartolomé Hurtado, que fué con buena compañía de españoles a poblar a Acla, pidió indios a Careta, que cristiano se llamó don Fernando, y que servía al rey por industria de Balboa, y vendióselos después por esclavos. Gaspar de Morales llevó ciento y cincuenta españoles a la mar del Sur, como en su propio lugar diremos; y dióse buena maña en la isla de Terarequi a rescatar perlas. Sin éstos, envió Pedrarias a otros, que poblaron en Santa Marta y en muchas partes. Sucedían las cosas del gobernador no muy bien, y burlaba dello Balboa, y aun creo que rehusaba su mayoría, como tenía el cargo y título de la mar del Sur. Pedrarias lo apocaba, disminuyendo sus hechos; en fin, que riñeron. Hízolos amigos el obispo Cabedo, y desposóse con hija de Pedrarias, por donde pensaban todos que perseverarían en paz, pues a entrambos así cumplía; mas luego descompadraron de veras. Estaba Balboa en la mar de su adelantamiento para descubrir y conquistar con cuatro carabelejas que labró. Llamóle Pedrarias al Darién. Vino, echólo preso, hízole proceso, condenólo y degollóle con otros cinco españoles. La culpa y acusación fué, según testigos juraron, que había dicho a sus trecientos soldados se apartasen de la obediencia y soberbia del gobernador y se fuesen donde viviesen libres y señores; y si alguno les quisiese enojar, que se defendiesen. Balboa lo negó y lo juró, y es de creer, casi temiera no se dejara prender ni pareciera delante del gobernador, aunque mas su suegro fuera. Juntósele con esto la muerte de Diego de Nicuesa y sus sesenta compañeros, la prisión del bachiller Enciso, y que era bandolero, revoltoso, cruel y malo para indios. Por cierto, si no hubo otras causas en secreto, sino estas públicas, a sinrazón le mató. Así acabó Vasco Núñez de Balboa, descubridor de la mar del Sur (1), de donde tantas perlas, oro, plata y otras riquezas se han traído a España; hombre que hizo muy grandes servicios a su rey. Era de Badajoz y, a lo que dicen, rufián o esgrimidor. En el Darién se hizo cabeza de bando, y por su propia auctoridad; anduvo muy devoto en las guerras; fué amado de soldados, y así les pesó de su temprana muerte, y aun lo echaron menos. Aborrecían a Pedrarias los soldados viejos, y en Castilla fué reprehendido, y poco a poco removido del gobierno, bien que lo suplicaba él sintiendo disfavor. Pobló Pedrarias el Nombre de Dios y a Panamá. Abrió el camino que va de un lugar a otro, con gran fatiga y maña, por ser de montes muy espesos y peñas. Había infinitos leones, tigres, osos y onzas, a lo

(1) O sea del Océano Pacífico.

que cuentan, y tanta multitud de monas de diversa hechura y tamaño, que alegres cocaban, y enojadas gritaban de tal manera, que ensordecían los trabajadores. Subían piedras a los árboles y tiraban al qne llegaba; y una quebró los dientes a un ballestero, mas cayó muerta; que acertaron a soltar a un tiempo ella la piedra y él la saeta. Santa Marta, de la Antigua del Darién, fué poblada por el bachiller Enciso, alcalde mayor de Hojeda, con voto que hizo dello si venciese a Cemaco, señor de aquel río. Despoblóse, por ser muy enfermo, húmedo y caliente, tal, que en regando la casa se hacían sapillos; falto de mantenimientos, subjecto a tigres y a otros animales dañosos y bravos. Poníanse los españoles de color de tericia o mal amarillo, aunque también toman esta color en toda la Tierra-Firme y Perú. Puede ser que del deseo que tienen al oro en el corazón se les haga en la cara y cuerpo aquel color. No es buena tierra para sembrar, que hay aguaceros y vienen muchos diluvios y avenidas, que anegan lo sembrado. Caen muchos rayos y queman las casas y matan los moradores. Envió el emperador don Carlos sucesor a Pedrarias, y fué Lope de Sosa, de Córdoba, que a la sazón era gobernador en Canaria; el cual murió en llegando al Darién, año de 20. Fué tras él Pedro de los Ríos, también de Córdoba, y fuése Pedrarias a Nicaragua. El licenciado Antonio de la Gama fué a tomarle residencia. Proveyeron de gobernador a Francisco de Barrionuevo, un caballero de Soria, que fué soldado en el Boriquén y capitán en la Española contra el cacique don Enrique. Luego fué el licenciado Pero Vázquez, y después el doctor Robles, que administró justicia derechamente; que hasta él poca hubo.

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Hay árboles de fruta muchos y buenos, como son mamais, guanabanos, hobos y guayabos. Mamai es un hermoso árbol, verde como nogal, alto y copado, pero algo ahusado como ciprés; tiene la hoja más larga que ancha, y la madera fofa. Su fruta es redonda y grande; sabe como durazno; paresce carne de membrillo; cría tres, cuatro y más cuescos juntos, como pepitas, que amargan mucho (1). Guanabo es alto y gentil árbol, y la fruta que lleva es como la cabeza de un hombre; señala unas escamas como piñas, pero llanas y lisas y de corteza delgada; lo de dentro es blanco y correoso como manjar blanco, aunque se deshace luego en la boca, como nata; es sabrosa y buena de comer, sino que tiene muchas pepitas leonadas por toda ella, como badeas, que algo enojan al mascar; es fría, y por eso la comen mucho en tiempo caloroso (2). Hobo es también árbol grande, fresco, sano, de sombra; y así, duermen los indios y aun españoles debajo dél, antes que de otros ningunos. De los cogollos hacen agua muy olorosa para piernas y para afeitar, y de la corteza aprieta mucho la carne y cuero; por lo cual se bañan con ella; y aun los caminantes se lavan los pies por ello, y aun porque quita el cansancio. Sale de la raíz, si la cortan,

(1) Por la descripción, el mamai es el mamey (Mammea Americana L.), de la familia de las gutíferas, también llamado albaricoquero de Santo Domingo. El árbol es de gran talla (15 a 20 m.) los frutos, grandes bayas (8 a 12 cm. de diámetro); tiene de 3 a 4; semillas ovoideas comprimidas, de 6 a 7 cm. de longitud y 3 de anchura. (Nota D.)

(2) El guanabo es, por la descripción, fruto afín a la chirimoya.

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