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cialmente mandando Dios a Adán y a Eva que criasen, multiplicasen e hinchesen la tierra. La experiencia, que nos certifica por entero de cuanto hay, es tanta y tan contina en navegar la mar y andar la tierra, que sabemos cómo es habitable toda la tierra y cómo está habitada y llena de gente. Gloria sea de Dios y honra de españoles, que han descubierto las Indias, tierra de los antípodas; los cuales, descubriendo y conquistándolas, corren el gran mar Océano, atraviesan la tórrida zona, y pasan del círculo Artico, espantajos de los antiguos.

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Llaman antípodes a los hombres que pisan en la bola y redondez de la tierra al contrario de nosotros, o al contrario unos de otros. Los cuales, al parecer, aunque no de cierto, tienen las cabezas bajas y los pies altos. Sobre lo cual hay, como dice Plinio, gran batalla de letrados. Unos los niegan, otros los aprueban, y otros, afirmando que los hay, juran que no se pueden ver ni hallar; y así andan ellos vacilando, y hacen titubear a otros. Strabón, y otros antes y después, niegan a pies juntillas los antípodes, diciendo ser imposible que haya hombres en el hemisferio inferior, donde los ponen. Dejando aparte autores gentiles, digo que también hay cristianos que niegan haber antípodes. Los que tenían a la tierra por llana los negaron, y Lactancio Firmiano los contradice gentilmente, pensando que no había hombres que hirmasen los pies en tierra al contrario que nosotros; que si tal fuese, andarían contra natura, los pies altos y la cabeza baja; cosa, a su juicio, fingida y para reír. Y por eso burlaba mucho de los que creían ser el mundo

redondo y haber antípodas. Sant Augustín niega también los antípodes en el libro décimo sexto de la Ciudad de Dios, a los nueve capítulos. Nególos, según yo pienso, por no hallar hecha memoria de antípodes en toda la Sagrada Escritura; y también por quitarse de ruido, a lo que dicen. Casi confesara que los había, no pudiera probar que descendían de Adán y Eva, como todos los demás hombres deste nuestro medio mundo y hemisferio, a quien hacía ciudadanos y vecinos de aquella su ciudad de Dios, pues la antigua y común opinión de filósofos y teólogos de aquel tiempo era que, aunque los había, no se podían comunicar con nosotros, a causa de estar en el otro hemisferio y media bola de la tierra, donde era imposible ir ni venir, por estar entre medio muy grande y no navegable mar, y la tórrida zona, que atajaban el paso. Y nuestro Sant Isidro dijo en sus Etimologías, no haber razón para creer que hubiese antípodes; ca ni lo sufre la tierra, ni se prueba por historias; sino que poetas, por tener qué hablar, lo fingían. Lactancio e Isidro no tuvieron causa para negarlos. Sant Augustín tuvo las que dije, aunque no haber memoria ni nombre de antípodas en la Biblia no es argumento que obligue para creer que no los hay. Pues en ella está cómo es redonda la tierra, y cómo la rodea el cielo y el sol; y siendo así, todos los hombres del mundo tienen las cabezas derechas al cielo, y los pies al centro de la tierra, en cualquiera parte della que vivan; y son o se han en ella como los rayos de la rueda de una carreta. Que si el cubo donde hincados están estuviese quedo cuando anda la carreta, ninguno dellos estaría más derecho a la rueda que el otro, ni más alto, ni al revés. Casi todos los filósofos antiguos tuvieron por cierto que había antípodes, según lo cuenta Plutarco en los libros del parecer de los filósofos, y Macrobio, Sobre el sueño de Scipión, y es tan común este nombre antípodas, que debe haber pocos que no lo hayan

GóMARA: HISToRIA DE LAS INDIAs. -T.I. 2

oído o leído; y pienso que siempre lo hubo del diluvio acá. Quien primero hizo mención de antípodes entre teólogos cristianos, a lo que yo sé, fué Clemente, discípulo de sant Pedro, según Orígenes y sant Jerónimo dicen: así que es cierto que los hay.

V

Dónde, quién y cuáles son antípodes.

El elemento de la tierra un solo cuerpo es, aunque haya muchas islas en agua; y redondo en proporción, aunque nos parezca llano, según atrás queda dicho; y así lo tuvo Thales Milesio, uno de los siete sabios de Grecia, y otros muchos filósofos, como lo escribe Plutarco. Mas Oecetes, otro gran filósofo pitagórico, puso dos tierras, ésta nuestra y la de los antípodes. Teopompo, historiador, dijo, según Tertuliano contra Hermógenes, que Sileno afirmaba al rey Midas cómo había otro orbe y bola de tierra, sin ésta nuestra; y Macrobio, por acortar de autores, trata largo destos dos hemisperios y tierras. Empero, es de saber que, si bien todos ponen dos pedazos de tierra, que no está cada uno dellos por sí, como diferentes tierras, pues no hay mas de un sólo elemento della, sino que están atajados con la mar, conforme a lo que Solino dice hablando de los hiperbóreos; y quien mirare la imagen del mundo en un globo o mapa, verá claramente cómo la mar parte la tierra en dos partes casi iguales, que son los dos hemisperios y orbes arriba dichos. Asia, Africa y Europa son la una parte, y las Indias la otra, en la cual están los que llaman antípodes; y es certísimo que los del Perú, que viven en Lima, en el Cuzco y Ariquipa, son antípodes de los que viven a la boca del río Indo, Calicut y Zeilán, isla e tierras de Asia. Los Malucos (1), islas de la especería, son asimesmo antípodes de la Etiopía, que agora llaman Guinea; y Plinio dijo muy bien que la Taprobana era de antípodes. Ca ciertamente los de aquella isla son antípodes de los etíopes, que están a la ribera del Nilo, entre su nacimiento y Meroe. También, aunque no enteramente, son los mejicanos antípodes, de los de Arabia Felice, y aun de los que viven en el cabo de Buena Esperanza. Sin los antípodes hay otros que llaman parecos y antecos (2), ca en estos tres apellidos se incluyen todos los vecinos del mundo. Antípodes son porque pisan la tierra al contrario por el derecho unos de otros, como los de Guinea y del Perú. Antecos de los españoles y alemanes son los del río de la Plata y los patagones, que moran en el estrecho de Magallanes. No tenemos vivienda en tierra contraria como antípodes, sino en diversa. Parecos de nosotros los españoles son los de la NuevaEspaña, que viven en Sibola y por aquellas partes, y los de Chile. No moramos en contraria tierra como antípodes, ni en diversa como antecos, sino en una mesma zona. Empero, aunque propriamente los antecos ni los parecos no son antípodes, se pueden llamar y se llaman, y así se confunden unos con otros; y por tanto señalé por antípodes de los del cabo de Buena Esperanza, que también son antecos nuestros, a los de la Nueva-España.

(1) Hoy, Islas Molucas. (Nota D.) (2) O antecos y periecos. (Nota D.)

VI

Oue hay paso de nosotros a los antípodes, contra
la común opinión de filósofos.

Niegan todos los antiguos filósofos de la gentilidad el paso de nuestro hemisperio al de los antípodes, por razón de estar en medio la tórrida zona y el Océano, que impiden el camino, según que más largamente lo trata y porfía Macrobio, Sobre el sueño de Scipión, que compuso Tulio. De los filósofos cristianos, Clemente dice que no se puede pasar el Océano de hombre ninguno; y Alberto, que es muy moderno, lo confirma. Bien creo que nunca jamás se supiera el camino por ellos, pues no tenían los indios, a quien llamamos antípodes, navíos bastantes para tan larga y recia navegación como hacen españoles por el mar Océano. Empero está ya tan andado y sabido, que cada día van allá nuestros españoles a ojos (como dicen) cerrados; y así, está la experiencia en contrario de la filosofía. Quiero dejar las muchas naos que ordinariamente van de España a las Indias, y decir de una sola, dicha la Victoria, que dió vuelta redonda a toda la redondez de la tierra, y tocando en tierras de unos y otros antípodas, declaró la ignorancia de la sabia antigüedad y se tornó a España dentro de tres años que partió, según que muy largamente diremos cuando tratemos del estrecho de Magallanes.

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