Napoleón en Chamartín

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Librería de los Sucesores de Hernando, 1907 - 323 páginas
 

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Página 8 - sí, llevan su banderín de recluta por los campos de la historia, para echar mano del mismo padre Adán, si le cogen descuidado. Después de 1809 ya es otra cosa. De aquellas dos logias infantiles, que yo conocí en la calle de las Tres Cruces y en la de Atocha, y donde se regocijaban
Página 128 - los franceses, y hoy dejándonos barrer; ayer poderosos y temibles, y hoy impotentes y desbandados. Contrastes y antítesis propias de la tierra, como el paño pardo, los garbanzos, el buen vino y el buen humor. ¡Oh, España, cómo se te reconoce en cualquier parte de tu historia,
Página 128 - donde quiera que aparezcas, allí se te conoce desde cien leguas con tu media cara de fiesta, y la otra media de miseria; con la una mano empuñando laureles, y con la otra rascándote tu lepra. —Hola, Gabriel, ¿tú por
Página 8 - aquel año la masonería española era pura y simplemente una inocencia de nuestros abuelos, imitación sosa y sin gracia de lo que aquellos benditos habían oído tocante al Grande Oriente Inglés y al Rito Escocés. Yo tengo para mí que antes de 1809, época en que los franceses establecieron formalmente la masonería, en España ser masón y no ser nada eran una misma cosa.
Página 187 - menos entre el jardín llamado del Pajarito y las casas de Maroto, estaba Napoleón sereno y tranquilo, montado en aquel caballejo blanco que había pateado el suelo de las principales naciones del continente; allí estaba, sí, disponiendo los movimientos de sus soldados, y sin quitarse del ojo derecho el catalejo con que alternativamente miraba, ya
Página 9 - ser muy de moda la palabra democratismo, que luego desapareció para presentarse de nuevo al cabo de medio siglo, aunque variada en su forma y tal vez en su significación. De la larva de aquellas logias, no es aventurado afirmar que salió al poco tiempo la crisálida de los clubs, los cuales
Página 8 - una misma cosa. Y no me digan que Carlos III, el Conde de Aranda, el de Campomanes y otros célebres personajes eran masones, pues como nunca
Página 8 - al lado del Evangelio, un esqueleto muy bien puesto en un sillón, con la cabeza apoyada en la mano, en ademán meditabundo, y por lo bajo un letrerito que decía: Aprende
Página 188 - gruñiditos que emitía mientras miraba por el anteojo, un movimiento maquinal de apretarse el vientre con la mano izquierda, repentinos fruncimientos de cejas y algunas veces una sonrisa dirigida a su mayor general Berthier. Con su anteojo, su tosecilla, sus mugidos, sus golpes en la barriga, sus polvos de tabaco y sus delgadas y finas sonrisas, el ogro de Córcega nos estaba partiendo de medio
Página 8 - he tenido por tontos, presumo que esta afirmación es hija del celo excesivo de aquellos buscadores de prosélitos, que no hallándolos en torno

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