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mente los navíos que entraron en aquel puerto, procedentes del de Cádiz, habían sido reparados, sino que se les agregó otro, el María Luisa, de 112 cañones, con lo cual Mazarredo estuvo pronto á dar la vela al punto que se avistase la escuadra francesa. Como había algunos navíos que bloqueaban á la escuadra de Melgarejo en Rochefort, sus instrucciones se redujeron á que se pusiese de acuerdo con el Almirante francés para llevar tropas á Menorca y que tratasen ambos de lograr prontamente la rendición de Mahón. Conseguido que fuese este objeto, los dos Comandantes podían entenderse acerca de las operaciones ulteriores de las escuadras combinadas, incluso el socorro de Malta; pero en ningún caso debería la escuadra española ir á Egipto, ya porque quedarían otra vez abandonadas las islas Baleares y expuestas á perderse, y la Italia seguiría siempre en poder del enemigo, y ya también porque los rusos y los turcos se declararían al punto enemigos nuestros, contra las intenciones del Gobierno francés, que quería la conservación de la íntima amistad del Rey con la Puerta Otomana, á fin de que le fuese útil para sus negociaciones.

Por más que juntas las dos escuadras presentasen la considerable fuerza de 40 navíos de línea, todavía no llegaban al número de los que componían la escuadra inglesa. Diez y siete navíos al mando del Almirante Brigport, que bloqueaban el puerto de Brest, acababan de entrar en el Mediterráneo, y esta escuadra, reunida con la que mandaba el Almirante Nelson, formaba la fuerza enorme de 61 navíos. Era, pues, necesario maniobrar con precaución. Además, para distraer al enemigo parecía conveniente activar los armamentos de Brest y llamar por este medio á una división inglesa al bloqueo del puerto. Igual efecto debía lograrse ar

mando los navíos que habían quedado en Cádiz, cuya salida al mar querían impedir los enemigos enviando fuerzas marítimas que hiciesen el bloqueo.

Reunión de las dos escuadras en Cartagena.

Presentóse á la boca del puerto de Tolón una es— cuadra enemiga, compuesta de 26 velas, con ánimo de bloquear á la del Almirante Bruix; pero habiendo sabido que ésta se había hecho al mar desde aquel puerto y que se hallaba detenida por los vientos contrarios en las aguas de Niza y Villafranca, se dirigió á aquellos parajes. El Almirante francés, desempeñada su comisión en la costa de Génova, tomó puerto en Vado, adonde se presentó á la vista Lord Saint-Vincent con todas sus fuerzas. Bruix, aprovechándose de una niebla espesa, picó cables y salió por entre la tierra y los enemigos, tomando el rumbo de Cartagena, en donde se unió con Mazarredo (1).

Después de haber examinado los dos Comandantes cuáles operaciones sería conveniente emprender, acordaron que la resolución más prudente sería en

(1) Increíbles parecen los esfuerzos del Gobierno británico para mantener la superioridad de su armada. ¡Qué actividad prodigiosa se notaba en todos sus puertos! El Almirante Brigport no tenía más que 16 navíos; 44 le van de refuerzo de Plymouth, y el Almirante Collingwood se reune con él. La escuadra del Contralmirante Wischser se juntó el 6 de Mayo con la de Lord San Vicente, que estaba en crucero delante de Cádiz. El Vicealmirante Dickson fué á reunirse al Almirante Duncan, quien, reforzado con cuatro navios rusos, cruzó á la entrada del Texel. El Almirante ruso Macharoff, con otros cinco navíos, entró en el Mediterráneo. Así, pues, Brigport con más de 30 navíos. Lord San Vicente con 26. Duncan con 22, dominaban todas las costas marítinas del Océano Atlántico en Europa. ¿Cuán prudentes no eran, pues, los consejos del General Mazarredo?

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trar en el puerto de Cádiz; pero el Almirante francés hizo presente á Mazarredo que sería quizá acertado hacer antes una excursión á las costas de Toscana, enviando fragatas á diferentes puntos para tomar lengua y saber si las fuerzas inglesas estaban reuni— das. (Ascendían, como dejamos dicho, á 60 navíos..) Si no estuviesen todavía, Bruix proponía ir al encuentro de una de las divisiones enemigas, do quiera que se hallase, creyendo que el triunfo sería seguro y los resultados de grande importancia. El Almirante tenía por fácil ir á Brest; recoger los navíos que hubiese allí y los españoles de Rochefort, y dirigirse sobre Irlanda, destruyendo primero la división de navíos que cruzaba enfrente de Brest, haciendo levantar el bloqueo del Texel é intentando al fin un desembarco en Torbay. Mazarredo le hizo ver los riesgos de su proyecto é insistió de nuevo en ir á Cádiz, dando entre tanto aviso al Gobierno, el cual le respondió que determinase al Almirante francés á ir sobre Menorca, si le parecía que podría lograrse la reconquista de Mahón sin comprometer á las escuadras, y que, si esto no fuese, se dirigiesen á Cádiz ú obrasen con buena armonía del modo que les pareciese más conveniente al bien de los dos países.

Bruix propuso también otro plan á Mazarredo, es á saber, pasar el estrecho y entrar en alta mar: los ingleses, suponíendo que la escuadra combinada se había dirigido á Brest, pasarían el estrecho con sus navíos, y entonces la escuadra combinada, advertida por alguna fragata, podría volver al Mediterráneo y enseñorearse de este mar, desembarcando tropas en Menorca y socorriendo á Malta.

Con este fin se dió en Madrid orden á Mazarredo para que, desistiendo de la tentativa proyectada con

tra Mahón como lo deseaba el Directorio, se dirigiese á Cádiz. El 30 de Junio salió de Cartagena, acompañado de la escuadra del Almirante Bruix. La travesía fué feliz.

La escudra de Melgarejo estaba bloqueada en Rochefort desde su llegada; y aunque se intentó repetidas veces hacerla pasar á Brest á unirse con los navíos que se armaban en este puerto, se hallaron siempre para ello obstáculos insuperables. Afortunadamente, á pesar de las tentativas del Almirante inglés para desordenar los buques españoles, creyendo que le sería fácil acometerlos después, Melgarejo consiguió frustrar los intentos del enemigo y ganar tiempo para que, ya el invierno, ó ya el arribo de fuerzas navales aliadas, le permitiesen salir del puerto. Las tropas al mando del General O'Farrill tuvieron orden de ir por tierra á Brest.

El Directorio quiere que las dos escuadras pasen á Brest.—El General Mazarredo prefería Cádiz.–El Rey dió orden á Mazarredo para que fuese con su escuadra á Brest.

Era éste el punto adonde el Directorio quería que se dirigiesen las escuadras, pareciéndole preferible al puerto de Cádiz. Fundábase en que desde Brest se podía amenazar á Irlanda y á Inglaterra, teniendo á los ingleses en continua alarma. La presencia de una escuadra pronta siempre á hacerse á la vela, debía obligarles, no tan solamente á mantener gran número de navíos bloqueando una costa que es sumamente peligrosa, sino también á aumentar el número de sus tropas en lo interior. Por la sola fuerza de inercia de las escuadras combinadas, se pondría al enemigo en precisión de hacer cuantiosos gastos y de estable

cer en cierta manera un régimen militar en los tres reinos; situación que al cabo traería descontentos y perturbaciones, pérdidas en el comercio de la Gran Bretaña y, por consiguiente, falta de recursos en su Erario. Por el contrario, el puerto de Cádiz, estando lejos de Inglaterra, parecía al Directorio mal punto para semejantes operaciones. La escuadra combinada se hallaría en estado meramente pasivo, sin que se pudiera fijar la época en que se hubiese de obrar ofensivamente.

Conforme á estos planes del Directorio, el Almirante Bruix dijo en Cádiz á Mazarredo que el servicio de mayor importancia que podían hacer las escuadras, era encontrar y batir á las fuerzas enemigas que bloqueaban á Melgarejo; unir los cinco navíos que tenía este General; añadir otros 8 franceses que habían de hallarse en Brest, con lo cual se compondría una fuerza de 54 navíos de línea, y se vería la Inglaterra precisada á guarnecer sus costas, sin que pudiese distraer sus tropas á expediciones contra Holanda. Concluída esta operación, añadía el Almirante francés para acallar sin duda á Mazarredo, era evidente que no había nada que intentar con la escuadra combinada, y que era menester volverse á Cádiz, verdadera posición para todo. Era ésta, en verdad, la idea que dominaba á Mazarredo. «Muy bueno es, decía, que se nos reúna Melgarejo con sus 5 navíos, si es que existen todavía; muy bueno será también unir 8 navíos franceses más y formar un cuerpo de 54 navíos. Pero vamos á las puertas de los enemigos, que juntarán 80, aun suponiendo destrozados ó perdidos los que bloqueasen á Melgarejo; vamos adonde para las arribadas no tenemos otro puerto que el de Brest, mientras que los enemigos tienen todos los del Canal.

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