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Consternación del Ministerio español. — El Rey escribe á los Directores para justificar sus procedimientos.

La llegada del correo expedido por el Embajador, Illenó de consternación al Rey y á su Ministro. Arrepintiéronse entonces de no haber mostrado plena sumisión á las voluntades del Directorio, y con la mayor presteza procuraron aplacar su enojo. Urquijo había ya determinado al Rey en varias ocasiones á escribir en derechura á los Directores hasta sobre los objetos que no merecían la regia intervención, menoscabando así el respeto de la majestad soberana, como había sucedido en su querella con el Embajador Guillermardet, el Ministro. Teniendo, pues, el rompimiento de la alianza por el mayor de todos los males, dictó á S. M. la carta siguiente para el Directorio, en la que se encubre mal el azoramiento, por no decir el miedo, del que la escribía:

«A la República francesa, y en su nombre d los ciudadanos que componen su Directorio ejecutivo.—Grandes y leales amigos: Cuando mandé volver mi escuadra desde Rochefort á la Coruña, instruí á mi Embajador de los motivos que me obligaban á esto, y al propio tiempo le advertí que en mi nombre os asegu— rase podíais contar con ella después de preparada la vuestra de Brest, y comunicados y concertados los planes de los usos á que debería servir.

»Dicha mi escuadra tenía orden de acompañar y proteger al convoy que se halla en las costas de Santander con efectos y municiones navales que no se pueden exponer en la travesía, y más en la actualidad en que no están demasiado provistos los arsenales y en que se ha gastado inmensamente con motivo de

la tempestad que experimentó mi escuadra de Cádiz.

»Vosotros, grandes amigos, habéis creído que estas consideraciones no contrabalanceaban la utilidad que se seguiría de hacer pasar dicha escuadra á Brest, en donde pensábais acabar de armar vuestros navíos para obrar con unos y otros en el Océano, no perdiendo de vista la Irlanda, y me pedís que mande esta traslación.

»Nada más conforme á mis deseos que el complaceros, y así expido las órdenes para verificarlos. Pospongo á ellos toda consideración, y es tan fuerte para mí la de la alianza y la idea en que estoy de que sea conocida de todas las Potencias, y particularmente del enemigo común, que basta á determinarme para obrar así. Resta sólo que, después de verificada la traslación, me expliquéis los planes que tenéis con el nuevo armamento de Brest; modo y forma en que debe emplearse para que, visto y examinado por mí y acordado entre ambos lo que más conviene, correspondan los fines á nuestros meditados medios.

»Esta conducta que me ofrecéis seguir en lo sucesivo, probará á las naciones que la alianza mía con esa República no es de voz ó momentánea, como lo son en general las que se contraen, sino de un interés recíproco, sólida y seguida por los principios de franqueza y buena fe, prendas que han caracterizado en todos tiempos á los Gabinetes de ambas Potencias, y nos traerá además la ventaja incalculable de arreglar en términos nuestras acciones, que de ellas pueda seguirse un daño verdadero al enemigo común ó á cualquiera que directa ó indirectamente trate de hostilizarnos, pues deben ser para nosotros tan comunes los amigos como los enemigos. Si tal conducta se hubiera seguido, preparado yo con la noticia del Almiran

te Bruix, habríamos concertado el modo de reunirse con Mazarredo en cualquiera de mis puertos, y caso de no poderlos ganar, la manera y forma de ejecutarlo y con qué objeto, y tal vez se hubiera evitado el fracaso que después le sucedió.

»Es inútil hablar ya de lo pasado, ciudadanos Directores. Yo me lisonjeo que á todos títulos soy digno de vuestra amistad y confianza. Me habéis visto siempre pronto á obrar con ella. Mis escuadras han estado paralizadas y servídoos de este modo en daño mío y del bloqueo de mis puertos, porque me manifestásteis en dos ocasiones que os convenía. La de Cádiz salió á unirse con la vuestra, y resta llenar este objeto. Se trabaja en su recomposición en Cartagena con una actividad extraordinaria, y tal vez en todo el mes presente se hallará pronta. Convendría que Bruix viniese con cuanto huhiese en Tolón á reunirse con la mía, y que unidas ambas pasasen á proteger el desembarco en la isla de Menorca, cuya reconquista nos es tan mutuamente interesante para quitar este abrigo al enemigo común y pasar desde allí á obrar en el Mediterráneo, según el plan que concertemos y que espero me comuniquéis, como también vuestras ideas sobre este punto.

»Entre tanto trataré de equipar cuantos navíos sean posibles en Cádiz para la defensa de mis puertos y otros objetos. Vendrán los tres de Santoña al Ferrol, en donde se rehabilitará el uno de la grande avería que sufrió por el rayo que le incendió; se compondrán los otros dos, que hacen ya bastante agua por los descalabros que han experimentado en sus largos viajes; se tripulará uno de ellos, pues se sacó su gente para completar los que se hallan en Rochefort, y se pondrán pronto en estado de obrar: alguno con destino á

mis colonias para proveerlas de los objetos preciosos de que carecen y traer los que necesita de ellas esta Península, y los demás en lo que concertemos. En suma, no omitiré el menor medio ni modo de aumentar mis fuerzas para atacar al enemigo común en esta funesta guerra y reducirle á la suspirada paz por que tanto gime el pobre género humano, de que necesitan las dos Potencias para recuperarse de las pérdidas que aquélla les ha acarreado, y que debe ser siempre el objeto á que directamente nos encaminemos.

»He dicho, ciudadanos Directores, que nuestros amigos deben ser unos como nuestros enemigos. No dudo que entre aquellos contaréis al Duque de Parma, mi hermano, cuya conducta y buena fe le hacen acreedor á vuestra consideración, tanto para que no se le moleste con nuevas vejaciones, como para que á la par se le indemnice de las que ha sufrido y se le ponga en el pie de un Príncipe respetable en Italia. Sabéis los vínculos que me unen á él, el interés de mi hija en ello, y, sobre todo, que su conducta le hace merecedor de vuestra atención y que nos obliga á contar siempre sobre él como sobre nosotros mismos. Sin tales títulos no abogaría en su favor, pues tenéis pruebas repetidas de que abandono los de la sangre cuando no corresponden á lo que por ellos deberían observar. Esto basta, ciudadanos Directores, para determinaros á acceder á mis instancias (1).

»Vivo con la mayor confianza y seguridad de vuestra inalterable buena fe. Contad siempre con mi amistad, y creed que las victorias vuestras, que miro como mías, no podrán aumentarla, como ni los reveses en

(1) Se alude aquí á la Corte de Nápoles, que se había atraído la cólera de los republicanos.

tibiarla. Ellos, al contrario, me ligarían más, si es posible, á vosotros, y nada habrá que me separe de tales principios. He mandado á cuantos agentes tengo en las diversas naciones que miren vuestros negocios con el mismo ó mayor interés que si fuesen míos, y os protesto que recompensaré á los que observen esta comducta como si me hiciesen el mejor servicio. Sea desde hoy, pues, muestra amistad, no sólo sólida como hasta aquí, sino pura, franca y sin la menor reserva. Consigamos felices triunfos para obtener en ellos una ventajosa paz y el universo conozca que ya no hay Pirineos que nos separen cuando se intente insultará cualquiera de los dos. Tales son mis votos, grandes amigos, y ruego á Dios os guarde muchos y felices años.—De Aranjuez á 11 de Junio de 1799.

»Vuestro buen amigo-Carlos.—Mariano Luis de Urquijo.»

El Directorio era de parecer que la escuadra francesa de Tolón pasase á Cartagena á reunirse con la otra del General Mazarredo.

Tal amilanamiento y servil obediencia al Directorio no dejaron duda á éste de la puntual cooperación de las fuerzas navales españolas. Así, pues, avisó al Gabinete de Madrid que el Almirante Bruix iba á salir de Tolón, reforzado con tres navíos de línea que se le habían unido en este puerto, y que su objeto era encaminarse hacia las costas de Italia para acercarse después á Cartagena. Por tanto, deseaba que se diese orden al General Mazarredo para unirse á él con su escuadra, ó á lo menos con los navíos que estuviesen en estado de salir al mar, si todos ellos no se halla— ban reparados de sus averías. Por fortuna, no sola

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