Las memorias de Mamá Blanca

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ALLCA XX, 1996 - 327 páginas
1 Reseña
En este volumen presentamos la primera edición crítica de Las memorias de mamá Blanca, novela escrita por la venezolana Teresa de la Parra. La obra es coordinada por Velia Bosch, quién también escribe una historia de la autora en su momento histórico-político. Nélida Norris analiza la novela desde un punto de vista lingüístico y formal, José Carlos González Boixó escribe sobre feminismo e ideología conservadora y Nelson Osorio realiza una lectura crítica de la obra. Complementan este libro los ensayos de Sylvia Molloy, Doris Summer, Elizabeth Garrels y la bibliografía comentada de Gladys García Riera.

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El esfuerzo de Mamaíta exulta inútil. Su tela, diferencia de la de Penélope, se acaba al abandonar la hacienda. Pero la memoria persiste, y en la memoria de Mamá Blanca, aun después de tantos años, siguen viviendo los personajes que en su niñez habitaban Piedra Azul. En su mente está Vicente Chochoco, el pequeño, feo y buen Chochoco, con los pies hundidos en el barro, construyendo ataúdes, curando pobres y luchando por la revo-lución. Allí vive Primo Juancho, siempre quejándose, con su manía de hacer innovaciones, erudito y brillante político preocupado por el futuro del país, pero a quien jamás lo abandonó la tragedia. Allí, amo y señor del establo, está Daniel elv aquero;antesupicardíayengaños,hastaelpro- pio don Juan Manuel tuvo que ceder. Finalmente Evelyn,la institutriz trinitaria, quien a fuerza de represiones lesenseñó a las niñas el amor por las cosas. Para Mamá Blanca, los personajes no se convierten eninsistentes figuras fantasmales; son tan sólo dulces y sua-ves recuerdos que pueblan y adornan las páginas de sus
Memorias.
Pero más allá de estas figuras, más allá del mundo per- fectamente distribuido de grandes y pequeños, está el pai- saje: el verdadero personaje de la novela. Mantener surecuerdo vivo en la memoria fue para Mamá Blanca una
necesidaddepermanencia.Sólolacarencianospuedeobli-
gar a la memoria, una memoria que se vuelve nostalgia.
D
ATOS BIOGRÁFICOS
El 5 de octubre de 1889, en París, naceAnaTeresa Parra
Sanojo. Muy cerca de Caracas, en una hacienda de caña de
XIV
/ T
ERESA DE LA
P
ARRA
azúcar perteneciente a su familia, transcurre su primerainfancia. A la edad de ocho años, ya huérfana de padre,viaja a España en compañía de su madre, su abuela y sushermanos, e ingresa a un colegio de monjas, del cual sal-drá años más tarde, una vez concluida su educación. Al volver a Caracas, a su vieja hacienda de Tazón, en1909,Teresa cuenta veinte años y un gran deseo de vivir. En esa Caracas de comienzos de siglo, tan injusta y repre- siva para la mujer, transcurren para la joven Teresa los
años más importantes de su formación literaria. Son días de
intensas lecturas y mucha reflexión. De esta época datan sus primeros escritos, y también en esta época, encerradaen la vieja casona de Macuto, trabaja día tras día en sunovela
Diario de una señorita que escribió porque se fasti-diaba
, cuya primera edición aparece en París en 1924 conel título de
Ifigenia.
En 1926, dos años después de haber regresado a Europa,a orillas del lago Leman, Teresa comienza a escribir
Lasmemorias de Mamá Blanca
, considerada por muchos como su obra de madurez. Dos ediciones de
Las memorias…
, una francesayotraespañola,sepublicanen1929.DuranteestosañosdevidaparisienseTeresarealizaalgunosviajes:unodeellos a Cuba, donde dicta una conferencia sobre Bolívar;otro a Colombia, donde presenta tres conferencias tituladas:
La importancia de la mujer americana durante la Colonia, laConquista y la Independencia.
En1931seconfirmalalesiónpulmonarquelacondena-rá a vivir sus últimos días entre las blancas paredes de un sanatorio. Estos son años de búsqueda interior, de misticis-mo, de largas lecturas, alegrías e ilusiones repentinas paraluego caer nuevamente en el desasosiego, en la espera. Sonaños de reclusión en los que Teresa sólo escribe cartas
Las memorias de Mamá Blanca /
XV
para sus amigos. Eldeseo detrabajar en la biografía nove-lada de Simón Bolívar, que tanto la había entusiasmado al comienzo, se convierte en una fantasía irrealizable: «Aun-que muchos creen que escribo aquí o me aconsejan quelo haga,
no he sentido aún la necesidad de hacerlo. En cam-bio siento
la de leer y releer»
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.
Teresa de la Parra muere en Madrid el 23 de abril de1936,víctima delmaldelos románticos.Aligualqueellos, se preocupó tanto de su alma que terminó olvidando el cuerpo. «Este es el país ideal para los poetas —afirma enuna de sus cartas—. Leysin es la ciudad de los tísicos; (…)todos parecen fraternizar en
 

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