Labios pintados de azul

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Ediciones Andrómeda, 2006 - 133 páginas
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Esta nueva entrega de cuentos del poeta y narrador costarricense Alfonso Peña pone en evidencia hasta qué punto es difícil, y cada vez más, separar géneros, clasificar la creación, pues tratándose de material narrativo la presencia de la poesía recorre y nutre las seis narraciones que componen Labios pintados de azul. Alfonso Peña es un autor de ya larga y reconocida trayectoria, además de un agitador cultural de primer orden, quien gracias a ediciones Andrómeda y su sede difunde la creación de su país y de otros países latinoamericanos. Uno de los aspectos a destacar de esa labor es la permanente colaboración entre pintores y escritores, poetas, obteniendo resultados muchas veces sorprendentes, como en la preciosa y solicitada colección de plaquettes poéticas Manija. Como el entregas anteriores Alfonso Peña aquí retoma aspectos ya tratados, quiero decir, aparecen una serie de obsesiones temáticas presentes en libros anteriores, lo cual viene a confirmar la rareza y calidad del autor; es sabido que todo creador se centra en una serie de temas recurrentes, y a cada muestra de su trabajo lo que hace es ofrecer al público una nueva visión, un ángulo diferente, una mirada que enriquece lo ya asimilado y conocido. La condensación temática es uno de los logros de Peña, como todo autor que se precie, acompañada de un lenguaje preciso, impactante y directo que arrastra al posible lector directamente dentro de la historia que se nos descubre. La noche josefina, las apariencias, que de noche son todavía más tenues, la visión que de repente en lugar de aclarar se oscurece, las tinieblas de la lejanía, el sentimiento de libertad extremo del espíritu, es el bagaje que arrastran una serie de personajes, que hay que señalar que en ningún momento se dejan ver como perdedores, es más bien gente que vive según propias reglas creadas como resultado de la libertad interior, ganada a pulso, y que por consecuencia hace que busquen la noche, donde todo escapa a las normas más estrictas de comportamiento.
Si vamos a uno de los cuentos, el titulado La amatista más perfecta, vemos el inicio sonado, de una fuerza deslumbrante, dado en pocas palabras: "Era mediodía. Las agujas de su reloj interno dieron las doce en punto."Este comienzo magistral esconde todo lo dicho, demuestra ya la catadura de los personajes que Alfonso Peña conoce y desnuda como pocos. Y esa libertad, que es la verdadera, la que viene de crear reglas nuevas gracias al conocimiento de las que se rechazan, es nada más y nada menos que la libertad inherente al artista, una metáfora, un recurso para irnos descubriendo a los lectores una apuesta creativa que va íntimamente ligada a una ética personal. Escritura y vida, o mejor dicho, conocimiento de vida se dan la mano para llegar a la verdad, ese pellizco que el espectador se lleva en el alma cuando se acerca al auténtico arte.
Labios pintados de azul, título general que toma de la última narración, es seguramente el libro más exigente y urgente, que son dos aspectos aquí inseparables, de un autor que hace de la narración corta un mundo lleno de misterios, de ambigüedades, de lecturas luminosas y su contrario, como luz que brota del espíritu sediento de verdad.
Labios pintados de azul, narrativa, muestra gráfica Omar Rivillas, Ediciones Andrómeda, 2007.
 

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11
Sección 2
27
Sección 3
67

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