La mitra en la mano: novelaCalpe, 1927 - 359 páginas |
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Términos y frases comunes
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Pasajes populares
Página 339 - Las virtudes cristianas de usted le hacen famoso. Me ha conmovido mucho el saber que, gracias a su persuasión ya su apostolado, esa pecadora de Orotinta a que usted se refiere abandona la vida de disipación y va a Colombia oa Curacao a meterse monja. Ese mérito se hará divulgar en los diarios por los días de la elección de usted. Considérese desde ahora como Obispo de esa Diócesis...
Página 41 - Blandin, que está predicando, la ve desde el pulpito y endereza contra ella su elocuencia irresistible, que ha escogido por tema los Siete pecados capitales («La sociedad se perdía; nadie daba ni un céntimo para el culto; prometían, olvidaban. ¡Cómo no! La sequedad de corazón, la avaricia, la lujuria, los Siete pecados capitales lo señorean todo. En aquella misma feligresía, ¿no existen viudas de vida disoluta, escándalo de la sociedad? ¡Y vaya usted a pedirles un céntimo para el culto...
Página 100 - Si fuera a contar sólo con el ejercicio de sus virtudes . . . bien podría esperar siglos. Para algo era comprovinciano y amigo de la familia gobernante, y para algo esta familia hacía en la República, dentro y fuera de la Iglesia, mangas y capirotes.
Página 92 - Marta, es un hombre como de treinta años, «fornido, cuellicorto, sanguíneo. Aunque moreno, es rosado. Lo mejorcito son los ojos negros, los labios gordos y el cabello endrino, sedoso, en ondas. No es un espantapájaros; pero ¡qué fisonomía tan vulgar!» El autor ha gratificado además a su héroe con una nariz ciranesca, con uno de esos «nasones...
Página 5 - ... (Así, por ejemplo, ciertos murmuradores que asoman en algunos capítulos, ya los que el autor enuncia simplemente: «Pedante primero, pedante segundo, pedante tercero.» Los tres pedantes de Orotinta. Cuanto al estilo, baste citar este párrafo, tomado de la descripción del patio de la casa de Marta: «El trópico se siente. La tarde es cálida; pero árboles y arbustos abanican la atmósfera, refrescándola. Una hacendosa acacia pasa por la pared su plumero vegetal, cubierto de odorantes florecitas...
Página 340 - Venga a verme a Villavil. La República le regalará a usted su primer anillo de obispo, como yo tuve el gusto de regalarle, años atrás, la sotana para que se ordenase, su primera sotana de sacerdote». «Cuando Federico leyó aquella epístola se puso muy nervioso, dio brincos, habló solo, se revolcó en la cama, recorrió el aposento a zancadas. Poco a poco fue tranquilizándose. Se detuvo frente a la luna del espejo, sonrió».
Página 126 - ¡Un matarife oscuro de un oscuro poblacho! ¡Ayer matando reses y hoy sacrificando hombres! ¡Ayer vendiendo filetes a las criadas y hoy vendiéndoles el país a los yanquis por el Norte ya los ingleses por el Sur!
Página 116 - Señor y la séptima la detesta su alma, ojos altivos, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, corazón que maquina designios pésimos, pies ligeros para correr al mal, testigo falso que profesa mentiras y aquél que siembra discordias entre los hermanos
Página 150 - ... de haberla poseído, dejar de volverla a poseer. ¡Y en qué peliagudas circunstancias! El volante Don Juan desaparece, el cazador de féminas queda cazado. La viuda se ha hecho dueña y señora de aquella carne eclesiástica...
Página 121 - ... corrigiendo con el arte la caricaturesca desviación de la Biología. Recordad cómo describe al padre Blandin, y en general a los tenorios: «Poseía, por encima y por fuera de todo, un relámpago de simpatía, un fluido magnético casi irresistible, que vence a las mujeres contra todas las previsiones. Se es Don Juan en el grado en que se posea tal soplo magnético de varonía, a veces un poco alfeñicado, que atrae y seduce a las mujeres.
