El romero alucinado (1920-1922)

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Editorial Babel, 1923 - 146 páginas
 

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Página 10 - ... tres cosas tenía para su viaje el Romero: los ojos abiertos a la lejanía, atento el oído y el paso ligero. Cuando la noche ponía sus sombras en el sendero, él miraba cosas que nadie veía, y en su lejanía brotaba un lucero. De la soledad que huía bajo el silencio agorero, ¡qué canción tan honda la canción que oía y que repetía temblando el viajero! En la noche y en el día, por el llano y el otero, aquel caminante no se detenía, al aire la frente, y el ánimo entero como el primer...
Página 17 - ALGUIEN o algo se ha ido. . . ¿Por qué — si no — perdura en mi conciencia esta insondable vaguedad de ausencia y este pavor de olvido?. . . Yo tengo para mí que alguien se ha ido. ¿Tal vez aquella noche ya lejana de mi primer dolor, cuando una arruga dejó en mi frente su señal temprana, en invisible y misteriosa fuga huyó, lo que perdí, por la ventana? Nunca podré saber cuándo ni dónde se...
Página 39 - Grita, corazón, grita.... Que tu alarido suene y el gran silencio rompa. Grita al mar ya la tierra y al cielo, y que el cielo y el mar y la tierra te oigan. Grita, corazón, grita. . . Es el único instante, y la sola ocasión en que estalle el tumulto de una vida sin rumbo y sin normas. . . Es el único instante . . . Mañana ya no será hora ..." La característica de esta poesía es su dignidad y su nobleza, unidas a una gran espiritualidad.
Página 51 - El pobre corazón que llora y calla ! . . . Lágrima inmotivada que se vierte en el minuto lánguido del día como si goteara de la fría y pausada clepsidra de la muerte. Lágrima sin rumor cuyo profundo sentido nadie a comprender alcanza, y que en silencio sideral nos lanza en el misterio trágico del mundo. Lágrima mía, mía de tal modo, que si su enigma penetrar pudiera en secreto pavor, no lo dijera ¡ni a tí tal vez a quien lo dije todo!.
Página 46 - ¡Quién fuera a tu lado en ruta de asombros atento a la vida con una alma nueva! ¡Quién fuera esa mano cordial que te lleva cual una caricia posada en los hombros! El viaje comienza, pequeñuelo hermano. . . La faz de tu estrella da luz al abismo; mas ha de nublarla tu dolor humano. . . Cuando ella te falte, búscala en ti mismo . . . ¡Ya el viaje comienza, pobrecito hermano!.
Página 9 - ... un lucero. De la soledad que huía bajo el silencio agorero, ¡qué canción tan honda la canción que oía y que repetía temblando el viajero! En la noche y en el día, por el llano y el otero, aquel caminante no se detenía, al aire la frente, y el ánimo entero como el primer día. . . Porque tres cosas tenía para su viaje el Romero:, los ojos abiertos a la lejanía, atento el oído y el paso ligero.
Página 62 - LA moneda amarilla de la luna angustiada cae como limosna en la escudilla vacía de la tierra amedrentada. . . Noche de horror y decisivo instante . Mil caminos abiertos, y mudo el caminante frente de la maraña alucinante de los rumbos inciertos . . . De pronto, el guía, la piadosa mano que, con gesto sencillo, por la insondable ruta del arcano nos lleva como al ciego el lazarillo. . . Y estabas loco, hermano, fantasma conductor de mi aventura al través de las sombras del paisaje . . . Pero no...
Página 53 - LA ALFORJA Se desbordó mi corazón cual una alforja. . . Cada quien tendió las manos y crispó su codicia en mi fortuna. . . Y la fijeza insomne de la luna miró huir el tropel de mis hermanos. Me sentí solo cual si nadie hubiera sobre la tierra sino yo. . . Mi grito perdióse en la insondable carretera . . . Y no queda del prófugo delito ni el polvo que levanta la carrera. "Aun resta lo más noble que atesora mi corazón. . . Volved.
Página 16 - El hombre que volvía de la muerte se llegó a mí, y el alma quedó fría, trémula y muda ... De la misma suerte, estaba mudo el hombre que volvía de la muerte. . . Era sin voz, como la piedra. . . Pero había en su mirar ensimismado el solemne pavor del que ha mirado un gran enigma, y torna mensajero del mensaje que aguarda el orbe entero . . El hombre mudo se posó a mi lado. Y su faz y mi faz quedaron juntas, y me subió del corazón un loco afán de interrogar. . . Mas, poco a poco, se helaron...
Página 109 - DANZA ELEFANTINA El elefante, cuando baila, pierde su gravedad de monumento. Se diría que un terremoto desquicia las cuatro columnas con que se afinca al suelo . Me parece la sombra de Juan Sebastián Bach ejecutando al órgano algún tango moderno. EL RELOJ (Tictac.

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