Amargos años de un estudiante

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J. Aduana Quintana, 2004 - 130 páginas
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Gabriel H. Flores
"El Bendito Anillo de Compromiso"
Sí. Duro 4 días la novia que fue mi segunda que tuve, si más recuerdo tener unos 13 años. Todo empezó cuando un día de mucho relajo en el curso estábamos todos, entre colegas y compañeros del curso solíamos darnos en gozo molestándonos el uno con el otro diciendo que tal persona es novio-novia de tal, como todos los adolescentes. Ese día ya ni recuerdo como fue, navegaban aviones por el aire, el profesor no había llegado todavía y de repente se me tropieza la punta de un avión de papel en el rostro derecho, lo cual me dolió un poco porque me había dado justo casi por donde el ojo, a lo cual respondí con un comentario un poco grosero. En el momento me sentí observado y me di cuenta de que algo no iba bien, entonces; el compañero de al lado me dice que el avión me lo había enviado Beatriz.
Recuerdo todavía el nombre:
Entonces, yo creí que se trataba de un juego y se lo devolví el avión lanzándole por el aire; pero Beatriz me hace una señal que no pude entenderlo y vuelve a lanzarme el avión haciéndome con la manos, como que hay algo escrito en el papel. Abro el avión de papel y lo que dice: “Me gustas mucho, quiero que seas mi novio, te espero en la esquina de atrás”. Me quede nervioso y con la cara roja, no sabía qué hacer, parece que nadie se daba cuenta, más que el de al lado sospechaba algo. Tenía miedo y a la vez estaba un poco excitado por la noticia. Suena el timbre de salida y no sabía qué hacer, voy o no voy; tuve que consultarlo a mi amigo Carlos, y que resulta que es novio de la amiga de Beatriz. A lo mejor entre Beatriz y su amiga me estaban tomando una broma, pero al final no fue así; mi amigo me dijo que vaya, entonces a cargarse de valor y vamos.
El Principio:
Estaba ahí. En la esquina mostrando de ocultas el cuerpo más que dando a conocer el rostro. Sinceramente ya no recuerdo las conversaciones que tenía con ella, pero sí que la primera vez fue que me pregunto: “Aceptas ser mi novio o no”, para entonces yo no sabía que lo normal era que los chicos se declarasen a una chica; pero fue ella quien se me declaro y me prepuso las interrogantes. Yo no sabía que responder, pero al final la curiosidad me hizo decir que sí. Al irnos ya unos poco nerviosos ambos, solíamos ir solo acompañados, tomados de la mano; además nuestros compañeros y colegas andaban molestando: “Oye, ya veo que te lo cogiste a la choquita”, recuerdo que a ella la decían choquita por el color de cabello que ella tenía; “Dale un beso a tu choquita”, así cosas por el estilo.
El Final:
Pasaron 3 días así. Acompañándonos en los recreos, que las cartitas para solo decirnos que nos veremos luego en tal lugar y demás; hasta que la última tarde que nos encontramos, ella me dijo: “Quiero un anillo de compromiso”, de donde ella había sacado esa idea, teníamos apenas entre los 12 y 13 años; imagino que habría visto alguna novela en casa y se la metió a la cabeza de pedirme un amillo de compromiso. Ahora de donde he de sacar el bendito anillo de compromiso.
Al día siguiente:
Tenía que entregarle el anillo para mi suerte, en un segundo pude darme cuenta que en ese entonces, que los puestos de venta de la escuela tenían unos dulces envueltos con algún juguete en miniatura, entre ellas había algunos como un anillo de plástico, bien como si tuviese un enorme diamante, esa figura de anillo según que la gustara (paso por mi mente), y compre con los 1 Boliviano que tenía en bolsillo de mi recreo y me puse a saborearlo el chupete que tenía, hasta dejarlo brillando el anillo.
Pues ahora vamos:
Era hora de pedir la mano a mi novia. En cuanto estuve
 

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