mismo cetro y bajo una misma religion toda la Península.

Por si todavía entre algunos quedaba duda sobre la validez y subsistencia de la derogacion de la ley agnaticia en reconocimiento de su hija Doña Juana, el Rey Católico, como hombre práctico y eminentemente político, quiso añadir por sí mismo, de propia autoridad, nueva garantía en favor del sistema cognaticio. Tres testamentos otorgó este gran rey (1). El primero en Burgos, tre» años antes de su muerte; el segundo en Aranda de Duero, en 1515;• el tercero en Madrigalejos, dos días antes de su muerte (23 de setiembre de 1516). En las tres ¿pocas vivia aun su hermano el infante Don Fernando ; sin embargo en los tres testamentos estableció por única y legítima heredera del reino de Aragon á su hija Doña Juana, ya recibida y jurada por los estados. El carácter decisivo de esta última voluntad de Fernando, su idea constante de incorporacion pacífica, legal é irrevocable se advierte claramente en otros pormenores de sus disposiciones testamentarias. Para indemnizar en lo posible á su hermano Fernando y conservarle una posicion digna de un príncipe , le dió, en el. reino de Nápoles, el principado de Tarento, y las ciudades de Cotron, Tropea, Amantia y Galípoli, ademas de cincuenta mil

(I) Maui.i.vi , Historia de España, t. x, p. 530, alie. Ambercs.

ducados anuales sobre las rentas de Nápoles. Para alejarle de toda intervencion en los negocios públicos de la Península, no le dió lugar en el gobierno del reino, y nombró como gobernador al príncipe Don Carlos, su nieto, hijo de Doña Juana, y durante su ausencia al arzobispo de Zaragoza y al cardenal de España (1). Y para evitar en lo posible toda interrupcion en el gobierno, bajo la mano fuerte del príncipe, y ahogar todo espíritu de partido, dió órdenes terminantes para que aquel pasase inmediatamente á España. Cort estos rasgos de prevision profunda terminó el Rey Católico su gloriosa carrera. Los resultados correspondieron á su prudencia consumada. Sin alterarse la paz, sin reclamar de manera alguna el infante Don Fernando, obedeciendo todos lo que los estados del reino y el Rey Católico habian ordenado , la corona de Aragon pasó de hecho y de derecho á la que ya era entonces reina de Castilla, comenzando desdé aquel momento nueva época de gloria para la monarquía española.

Tales son las tradiciones respetables de la historia para probar el imperio no interrumpido de la ley cognaticia en la época memorable y verdaderamente crítica de la incorporacion de los reinos de Navarra y Aragon á la monarquía de Castilla.

(I) Mariana, Historia de España, t. x.

Pero aunque la historia no hablase tan convincentemente en favor de nuestro propósito, la Europa moderna y los principios del derecho público general bastarian en este caso para demostrar que, incorporados Navarra y Aragon á la corona de Castilla, debió ser desde entonces obligatoria para toda la España la ley cognaticia de Castilla. Así se verifica en Inglaterra. Incorporados realmente á este reino los de Escocia é Irlanda, ambos perdieron su ley privativa de sucesion, y reconocen por su rey legítimo al que es proclamado en Inglaterra. Asi se verifica en el imperio de Austria. Incorporados á él realmente los reinos de Bohemia y Hungría, aunque conservan sus estados y sus leyes particulares, reconocen por su soberano al que lo es de Austria. . Si de los hechos subimos á los principios, veremos que está reconocido por todos los escritores de derecho público (Burlamaqui, Vattel, Grocio, Pufféndorf), que desde el momento que un estado es incorporado á otro por cualquier medio de adquisicion legítima, y pasa á formar una parte de la unidad de este último, pierde aquel su independencia, su personalidad moral y política, y queda sometido por necesidad al poder supremo del estado principal. El trono del país reunido, que era el símbolo de su existencia independiente ; la ley de sucesion, que era el medio legal para trasmitir la dignidad y el poder real, desaparecen forzosamente con la independencia del estado, por la razon sencilla de que dos tronos, dos leyes de sucesion son incompatibles con la unidad de un estado. Es tan rigurosa esta ley general de la incorporacion real, que no sufre condicion ni pacto en contrario. Las convenciones en tales casos pueden conservar al pueblo incorporado sus leyes civiles administrativas y aun políticas, pero jamas su ley de sucesion, que es un símbolo de independencia, y que sin un trono soberano no tiene objeto de observancia práctica. Estos principios tuvieron su aplicacion en la Península, cuando en diferentes épocas se incorporaron á la corona de Castilla, la mas extensa, la mas poderosa de todas, la que diariamente crecía por los progresos de la reconquista contra los Árabes, las coronas de Asturias y Leon, de Aragon y de Navarra para formar una sola corona, la de Castilla, conocida ya bajo el título de reino de España. En la incorporacion real absoluta, en cuanto al poder real, que formó el vínculo comun, se pactaron condiciones, y Aragon, la Navarra y las Provincias Vascongadas conservaron una gran parte de sus leyes civiles administrativas y aun políticas, bajo la égida del trono de Castilla y de su ley de sucesion, pero con la obligacion indeclinable de reconocer por su rey y soberano al que fuese proclamado legítimamente con arreglo á las leyes de Castilla, sin que sobre este particular haya ocurrido jamas á nadie la mas ligera duda. Así es que en los casos de vacante , luego que en Madrid ha sido proclamado el legítimo soberano, se remite á Navarra, a las Provincias Vascongadas, un documento solemne que prueba auténticamente la elevacion al trono del nuevo rey; y la Navarra y las Provincias, en sus cortes y en su asamblea general, proclaman y reconocen por su rey al que ha sido proclamado en la capital de Castilla , sin que ni las cortes de Navarra, ni la asamblea de las Provincias puedan discutir, ni aprobar, ni ratificar, poner dificultad ni entorpecimiento alguno al reconocimiento y sumision hácia su rey legítimo. Estas consideraciones, fundadas sobre hechos constantes y notorios, prueban hasta qué punto es indiferente, en la cuestion que nos ocupa , la antigua legislacion de Leon, Aragon y Navarra que en lo santiguos tiempos de su independencia gobernaba, acerca de la sucesion en la corona. Toda la España está, desde principios del siglo xvi, bajo el imperio de un trono, y debe por necesidad estar bajo la observancia de una sola ley de sucesion á la corona. Esta ley es la antigua fundamental de Castilla. Prosigamos su historia. .

Además de las disposiciones legislativas que hemos referido, en confirmacion de la existencia y aplicacion constante de la ley de la Partida, podemos pre

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